LUIS M. ALONSO
Hay una primavera negra cubana que reverdece mientras las Damas de Blanco claman por la libertad en La Habana vieja. Cuba lleva muchos años de negritud en compañía del castrismo. La dictadura siempre presumió de justicia racial, cuando lo suyo ha sido precisamente lo contrario. Para comprobarlo, sólo hay que contar los negros, además del negro Almeida, que coparon puestos de poder en la tiranía de Fidel y Raúl. Con los dedos de una mano habría más que suficiente, incluso sobrarían cuatro.
La Primavera Negra, de la que ahora se conmemora el séptimo aniversario, tiene que ver con el encarcelamiento de los 75 disidentes que siguen en la trena desde 2003. Para Willy Toledo y Luiz Inácio, «Lula», da Silva, se trata simplemente de vulgares delincuentes comunes, algunos de ellos con una intolerable falta de apetito, pero nadie con dos dedos de frente es capaz de dudar ya de que Cuba es el último reducto del estalinismo en la Tierra. Incluso Víctor Manuel y Ana Belén se han sumado al manifiesto en contra del castrismo, después de años de apoyo a la cruel dictadura cubana.
Así que ahora no hay duda. Los hermanos Castro, con Víctor y Ana en contra, tienen los días contados. Si esta pareja de aguerridos defensores de la dictadura castrista le dan la espalda es señal inequívoca de que al tiranosaurio de La Habana sólo le queda ya Willie Toledo. Si artistas como Víctor Manuel, Ana Belén o Pedro Almodóvar se han dado cuenta ya, aunque sea así de tarde, de que lo que hay en la isla caribeña es una feroz persecución de las más elementales libertades podemos estar seguros de que cualquiera puede llegar a esa misma conclusión. Hasta el mismo Toledo acabará convenciéndose de que al pobre Zapata no lo enjaularon por mangui.
Víctor Manuel es un hombre de convicciones. Creyó en Franco e incluso le compuso una canción, hasta que dejó de hacerlo. Y entonces se convirtió en el más conspicuo antifranquista. Tiembla, Fidel.