JAVIER NEIRA
Pasada impresionante de la izquierda francesa, así que Sarkozy ya puede ir pensando en buscar trabajo. La crisis abrasa vivos a los gobernantes y como no es flor de un día ya me dirán qué porvenir tienen los ahora instalados en las poltronas. Sospecho incluso que aquí la jugada secreta consiste en adelantar las generales para que gane Rajoy y en un año quedará chamuscado por los cinco millones de parados bien agitados entre los liberados del trabajo, los de la ceja y el gigantesco agitprop.
El caso es que la crisis machaca a los que gobiernan porque los ciudadanos se vuelven contra ellos y además favorece a la izquierda ya que saltan los reflejos defensivos, el miedo telúrico, la tendencia a dejar en manos de otros las propias decisiones, el tropismo a huir de responsabilidades-libertades, y todo eso obviamente son marcas y valores de la siniestra.
Escribo estas líneas antes de conocer la suerte de la ley de sanidad en EE UU, pero probablemente allí se repita el fenómeno francés: todo el poder para el Estado ya que dudamos de nuestras fuerzas, de nuestras iniciativas personales, de nuestras capacidades propias y hasta ahora intransferibles.
Lo peor del caso es que se ha establecido una dialéctica retórica entre la derecha y la izquierda que solo nos puede devolver al pasado -como se está viendo- o mantenernos en el pantano actual de las mil crisis.
Mal asunto, porque la dialéctica real está planteada entre la derecha en ejercicio y la nueva derecha o como se quiera denominar a las fronteras liberales.
Quienes logren entrar en esa nueva dinámica saldrán reforzadísimos de la crisis. Quienes se enreden entre las derechas y las izquierdas clásicas, nada de nada o encima para atrás. Quienes, como los españoles, estamos atrapados en las redes de la izquierda, un horror argentinizante.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la ópera «Così fan tutte», de Mozart).