ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
Ahora que se ha ido la Semana Santa y las cofradías religiosas se han recogido hasta el año próximo, quizá sea hora de hacerse eco de una que no para en todo el año. A la que me refiero hoy es cofradía atípica que lleva por apellidos: del colesterol.
Paseando, con un amigo de visita en la ciudad, por la senda de la Ría (mayúscula en Avilés), pudo ver más de cerca el avance de la obra civil de las nuevas instalaciones del Niemeyer, foco de atracción de figuras mediáticas universales de todo tipo, aunque particularice ahora en las del mundo cinematográfico: Brad Pitt, Woody Allen, Scarlett Johansson, Kevin Spacey?
Al rebasar el puente de San Sebastián, llamé su atención acerca de la proximidad del casco histórico avilesino -interrumpida, todavía, por trenes y vehículos-, por ejemplo: la de la calle más antigua de la villa medieval, a tiro de piedra, ya que podíamos ver perfectamente el palacio de Valdecarzana.
Y en ésas estábamos cuando le mostré una fila de monolitos que, hasta dieciocho (de momento), se extienden hasta el puente Azud. Son un homenaje, personalizado, a cada uno de los premiados anualmente («Premio HDL colesterol bueno»), a los que distingue -por su labor científica, comunicadora y cultural- la Cofradía del Colesterol. El monolito, en cuya base están los anagramas de la avilesina Clínica Covadonga y del Ayuntamiento de Avilés, tiene la particularidad de llevar nombre y firma del premiado.
Una cosa llevó a la otra y, mi amigo, estableció una relación causa-efecto, porque el asunto de los famosos del cine le llevó a comparar la senda de la Ría (repito que mayúscula, esta de Avilés) con el famoso Boulevard de Hollywood, ese paseo de la fama donde intérpretes y directores dejan huellas de sus manos -y nombre- en el suelo. Así que por las mismas emparejó a Hollywood con Avilés.
Su razonamiento me recordó algo parecido que me tiene contado Carlos Guardado, directivo muy activo de esta curiosa cofradía. A él le fue hecho por el periodista televisivo Ramón Sánchez-Ocaña, quien le argumentó que «¡Esto es como Hollywood Boulevard! ¡Pero con buena salud! O sea que? habría que llamarlo ¡El Bulevar de la Salud!».
Merece la pena darse una vuelta por este «bulevar» y ver, aparte del Niemeyer con cierto detalle, este sembrado de placas de científicos, artistas y escritores. Un homenaje tan original como ejemplar.
Porque el día de mañana, cuando comience a funcionar este centro cultural internacional, por este «bulevar» pasarán -y lo pasearán- miles y miles de personas de todo el mundo.
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