Sin la venia

Repúblicos al «salmiz»

Sobre un tipo de político sabiondo y avispado que intenta endilgar al ciudadano el timo de la estampita

 09:25  
Repúblicos al «salmiz»
Repúblicos al «salmiz»  

CEFERINO MENÉNDEZ No es ningún secreto que el nivel medio de nuestros políticos profesionales dista, y mucho, de ser esperanzador, no digamos ya gratificante. Entre la muy poblada fauna integrada por quienes rigen nuestros destinos, siempre me resultó especialmente desazonadora esa especie de repúblicos cuya principal virtud reside en una absoluta insolvencia profesional y personal que aboca a los individuos que la integran a extremos de servilismo y degradación moral prácticamente ilimitados en su perruna entrega al líder, sea éste quien sea.

Últimamente, sin embargo, y por razones que, por el momento, no vienen al caso, ha reclamado mi atención otra especie de políticos -aunque resulte irritante, me veo obligado por el general clima de estulticia al por mayor a precisar que utilizo el masculino plural como comprensivo de ambos géneros- que bien podríamos denominar, sin otras alharacas que a todas luces no ameritan, como la del repúblico listillo, sabiondo o avispado, que, en resumen, vendría a ser el que se siente tan «sobrado» como para intentar endilgarles a sus conciudadanos, a la primera de cambio, y no sin cierta soltura, lo mismo el «tocomocho» que el timo de la estampita, así, sin más, tomándolos por tontos, por idiotas o por memos.

A esta clase de individuos, lo más recomendable, a mi entender, podría ser, echando mano de una culinaria alegoría, eviscerarlos sin más -políticamente hablando, se entiende- para aplicarles a continuación la técnica del «salmiz» que, como es sabido, consiste básicamente en preparar una pieza de caza menor con una salsa a base de sus propias entrañas -lo que vendría a ser exponerlos al oprobio público enjaezados a base de sus propias vergüenzas.

Pendiente como estoy de confirmar las andanzas de listillo de algún que otro repúblico local, voy a ir pidiéndole la receta a ese gran cocinero que es Javier Marcos -maestro en las arceas al «salmiz», y entusiasta juzgador de fútbol sala- por si me fuese menester ponerla en práctica, literariamente hablando, en sucesivas entregas. Y es que, visto lo ya visto, no estará de más ir afilando los cuchillos y poniendo bien a punto los fogones. Quedará, eso sí, por determinar si la pieza en suerte es finalmente de caza mayor, pues, en ese caso, habrá que ir ponderando otra receta.

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