Escaño cero

Delincuentes de guante blanco

n Los peligros de los especuladores y la necesidad de una ley para castigarlos

11.05.2010 | 10:03
Delincuentes de guante blanco
Delincuentes de guante blanco

Es difícil hacer un análisis de lo que está sucediendo, habida cuenta del ruido ambiental. La derecha, nuestra derecha, está convencida de que la crisis económica es la mejor arma para derrotar al Gobierno Zapatero, y lo cierto es que los dirigentes del PP en ocasiones más que contritos por lo mal que lo están pasando los ciudadanos parecen regocijarse, porque de esa desgracia se puede derivar su suerte.


Pero vayamos por partes. Lo primero que hay que decir es que ni el Gobierno Obama ni la Unión Europea están siendo capaces de llevar a cabo la necesaria reforma del sistema financiero. El presidente Obama habló de su necesaria reforma, y en la Unión Europea se apuntó la necesidad de imponer una tasa a todas las transacciones financieras y adoptar medidas que hagan más difícil que vuelva a suceder algo parecido a esta crisis.


Lo cierto es que todos están de acuerdo en el diagnóstico, pero hasta ahora no han adoptado ninguna medida, no sé si por miedo a esos poderes en la sombra que son quienes mueven los hilos del sistema financiero. Tampoco se ha adoptado medida alguna que ponga coto a las actividades, a mi juicio delictivas, de los especuladores financieros, que no son otra cosa que delincuentes de guante blanco. Hay quien dice que los «ataques» al euro, las actividades especulativas contra una moneda, son parte del sistema y, para colmo, defienden que esto sea así.


Pero quienes así opinan a mí me parece que no tienen vergüenza. Yo estoy de acuerdo con el presidente Zapatero cuando alerta sobre los peligros de los especuladores que desestabilizan nuestra moneda, como estoy de acuerdo con que se ponga en marcha una legislación para castigarlos. El mercado tiene que tener reglas y controles y, desgraciadamente, los controles de los que se disponía hasta el momento no sólo son insuficientes, sino que los pocos que hay se han quedado obsoletos.


No es admisible que un grupo de especuladores quiebre a un país. Hace años un importante especulador, Georgue Soros, hizo temblar la libra británica. A quienes mantienen que esto es parte del juego hay que decirles que ese juego infame supone que millones de personas se queden sin empleo y que millones de familias tengan que sufrir un auténtico calvario para sobrevivir. De manera que, como eso no es tolerable, la obligación de los gobiernos debe ser poner coto a este tipo de especuladores.


Y todo esto no quita para que, además, haya que admitir que nuestro gobierno siempre va un paso por detrás de los acontecimientos, que primero negó la crisis y que adopta medidas siempre demasiado tarde. Al presidente Zapatero se le está pidiendo por activa y por pasiva que reduzca el déficit, y él se venía negando, y al final en la Unión Europea le han dicho que si no lo hace España sufrirá las consecuencias. Ahora Zapatero anuncia esa reducción del déficit, y la verdad es que más vale tarde que nunca.


Pero volviendo al quid de este artículo, me asombra la desvergüenza y el desparpajo de aquellos a quienes les parece normal que los especuladores financieros arremetan contra un país hasta tumbarlo. Hacen falta reglas y controles y tasas, y ésa debería ser la prioridad de la Unión Europea, que, dicho sea de paso, también ha llegado tarde a lo que era una necesidad: crear un fondo de rescate para los países en apuros. No es de recibo lo rematadamente mal que la UE ha abordado el problema de Grecia; han dejado pudrirse el problema y han acudido al rescate tarde y mal.


En fin, esperemos que los señores de Bruselas se «pongan las pilas», dejen de temer a los especuladores y hagan algo por los ciudadanos, porque el colmo es que seamos los ciudadanos quienes paguemos las consecuencias de las maniobras especulativas y delictivas de un grupo de sinvergüenzas que no se conforman con ser inmensamente ricos, sino que quieren serlo aún más, aunque para ello manden al infierno del paro y de la crisis a media humanidad.

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