Varadero de Fomento

Así en la tierra

n En esta ciudad simulamos que seguir en Primera o ganar unas elecciones es el paraíso

11.05.2010 | 10:03
Así en la tierra
Así en la tierra

La salvación rojiblanca podría ser título con tintura épica para una película de las nuevas en 3D, para ver con gafas especiales, en donde pululan muñecos animados, personas de verdad o una mezcla de ambos. Pero es, parece ser, la referencia imprescindible, lo que titule las informaciones, cuando se habla del Sporting por estas épocas del año. Como el vil metal es lo que condiciona todo el asunto al igual que casi todo -lo cual no es ninguna novedad-, los expertos nos machacan inmisericordemente con el argumento, dejándonos si no hechos polvo, al menos con la ilusión rebajada. No hay otra: lo podemos tomar como una condena o como parte del paisaje, así que la ilusión se deposita en conseguir cuanto antes el mínimo de puntos necesarios que asegure la ansiada «salvación», si es que lo de competir la siguiente temporada en Primera ha de ser considerado como un estado celestial.


A las metas o anhelos los solemos convertir en cielos terrenales y, así, por ejemplo, suponemos que para las formaciones políticas su edén, ése al que tienen oportunidad de acceder cada cuatro años, consiste en ganar las elecciones, las que sean, y hacerse con el mando de la gestión pública. En nuestro pueblo, el cielo más al alcance de la mano -al que tendrán oportunidad de llegar de aquí a un año- es el gobierno municipal y el de la provincia o autonomía. Naturalmente, estos paraísos terrenales tienen vías de acceso un poco diferente -y generalmente divergente- de aquellas que se supone deben ponerse en práctica para alcanzar los edenes que prometen las religiones a sus fieles adeptos. Tanto es así que muchos profetas y predicadores las han venido considerando históricamente como incompatibles. Son innumerables los estudiosos y teólogos que se han quemado las pestañas y dado lo mejor de sí mismos para hacerlas compatibles.


Hasta ahora, los máximos aspirantes por estos pagos -o a quienes de partida se les supone con mayores posibilidades de conseguir su idílico objetivo- no dan muestra de tener muy claro cómo conseguirlo. Por estribor, una parte de la afición se viene empeñando en sacar a relucir a un antiguo general que parecía, si lo decimos en términos militares, estaba ya en la reserva activa -o artísticamente pasiva-; mientras que los demás, en número no cuantificable, sin optar por nadie en concreto, se estremecen con la sola idea del retorno de alguien a quien imputan precisamente la responsabilidad de haber sido expulsados la última vez del cielo regional en el que habían logrado instalarse y de haberles recortado las oportunidades de alcanzar el correspondiente municipal.


Por babor, sin mareas ni clamores, parecen tener claras sus opciones, pero en aplicación de directrices olímpicas, se han empeñado -y hasta ahora parcialmente conseguido- en que no adivinemos ningún nombre. Lo que de momento ni unos ni otros han logrado es adelantarnos un rayito que ilumine a quienes no esperamos edén alguno y sólo un poco de salvación por los pelos como club de fútbol modesto.

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