23 de mayo de 2010
23.05.2010
Dos visiones sobre la actual situación de España
 

Lo que atemoriza a los mercados

n Las claves de la volatilidad bursátil: el miedo a que no podamos pagar nuestras deudas

23.05.2010 | 14:10
Lo que atemoriza a los mercados

El problema fundamental detrás de la altísima volatilidad de los mercados financieros en los últimos días es que las dudas acerca de la solvencia de Grecia en el medio plazo no se han disipado con los planes de la Unión Europea. Si vamos más allá de las palabras altisonantes de los líderes políticos, tan dados a hacer declaraciones contundentes a la prensa, nos encontramos con una realidad tan terca como aplastante: el Estado griego gasta muchísimo más de lo que ingresa. La diferencia es del 13,6% del PIB griego en el 2009. No sólo eso, sino que además tiene una deuda acumulada para asustar, 115% del PIB, es decir, más que lo que toda la economía griega produce en un año. Y ninguno de estos dos problemas tiene fácil solución.


Un ajuste fiscal lo suficientemente fuerte para rebajar el déficit público a niveles más manejables será dolorosísimo, con probables fuertes incrementos del paro en el muy corto plazo. Además una caída del PIB llevará a que pagar la deuda sea cada vez más costoso.


El temor es que, un buen día, los griegos sucumban a la tentación y digan: «Se acabó, no pagamos la deuda, y a otra cosa». Esta solución tan cruda es poco probable que pase, pero sí que es una posibilidad muy seria que tarde o temprano tengamos una versión más suave de la misma, que no es más que una reestructuración de la deuda con una quita a los principales acreedores. Por supuesto, las consecuencias para Grecia serán muy negativas (y por eso lo he llamado una tentación, porque en realidad no soluciona nada).


Pero esto no es lo que de verdad preocupa a los mercados. Lo que los atemoriza es que, cuando todo el mundo esté asustado después de la reestructuración griega, España tenga problemas para financiar su déficit y seamos nosotros los que tengamos que reestructurar. Y si la caída de Grecia puede ser un trauma, los problemas con España podrían ser una tempestad espectacular simplemente porque somos mucho más grandes.


¿Y cómo es que España puede tener estos problemas? Porque nosotros también necesitamos pedir prestado mucho dinero. Cuando unos y otros hablamos de los especuladores y demás, parece que nos olvidamos de una cosa muy sencilla: nosotros, Grecia o España, somos los que requerimos el dinero. Ellos, los fondos de inversiones, son los que tienen que decidir si somos lo suficientemente serios para devolvérselo. Nadie los puede culpar por ello.


Pongámonos en sus zapatos y seamos sinceros con nosotros mismos: ¿prestaría usted sus ahorrillos para la jubilación al Estado griego? Si la respuesta es que no, usted está haciendo lo mismo que los inversores internacionales. Y, vista la situación de Grecia, los inversores empezaban a estar muy preocupados hace unas semanas con que en España tampoco fuéramos todo lo serios que teníamos que ser.


¿Por qué los inversores llegaban a esta conclusión? Porque veían la situación y no encontraban una salida razonable. Durante muchos meses, el Gobierno se aferraba a la idea de que España tenía relativamente poca deuda pública y que, por lo tanto, nuestro déficit no era muy preocupante. Pero esto olvidaba que nuestro déficit público estructural (es decir, el que se tiene en el medio plazo) es muy alto y que, por tanto, el temor de los inversores no es dónde estamos ahora sino dónde estaremos dentro de cinco años. A más y a mayores, el Gobierno parecía incapaz de sacar adelante ninguna de las necesarias reformas estructurales que precisamos como agua de mayo.


Ante esta reticencia del Gobierno, los inversores, que no son otros que los fondos de pensiones de Holanda o de Alemania -es decir, los ciudadanos de estos países con sus propios ahorrillos a los que me refería antes-, estaban cada vez más y más nerviosos


Las medidas avanzadas por el presidente del Gobierno la semana pasada son más que bienvenidas porque finalmente vemos alternativas concretas para afrontar nuestros problemas de manera seria y convincente. Todos aquellos que nos hemos cansado de pedir una consolidación fiscal sentimos una cierta satisfacción por que las cosas empiecen a andar. El camino es largo y arduo y, aunque podría haber sido menos malo si otras cosas se hubiesen acometido hace tiempo, agua pasada no corre molino, así que centrémonos en el futuro.


Ahora lo importante es mantener la calma, perseverar frente a las protestas previsibles en los próximos días e implementar medidas como la reforma del mercado de trabajo o de las pensiones, que tienen un efecto de primer orden sobre el presupuesto público en el largo plazo. Estas reformas son medidas clave y tenemos que renovar nuestros compromisos de llevarlas a cabo. Si somos capaces de mantener el rumbo, la volatilidad de los mercados se reducirá y saldremos de este agujero: los mercados se percatarán de que somos gente seria y a la gente seria se le presta dinero porque te lo devuelve.

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