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Asturias en el mapa

n El protagonismo de Cajastur con Manuel Menéndez, un gran paso económico que a la larga también debiera ser político

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Asturias en el mapa
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GERMÁN OJEDA PROFESOR TITULAR DE HISTORIA E INSTITUCIONES ECONÓMICAS DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO Asturias es el problema; España, la solución. Manuel Menéndez, regionalizando a Ortega y Gasset un siglo después, conociendo de primera mano los graves problemas actuales del sistema financiero español y sabiendo además las limitaciones de tamaño y actividad de la economía de su tierra, ha dado un paso de gigante para sacar a Asturias de su propio finisterre económico integrándola de nuevo como protagonista en el mapa de España, al convertir la pequeña caja de ahorros regional Cajastur -la número 21 en el ranking nacional- en la tercera del país con su incorporación a un nuevo grupo de cajas de distintas comunidades, a una nueva caja más real que virtual, que por recursos financieros, por volumen de negocio y por diversidad territorial va a ser una gran caja peninsular.

Una gran caja peninsular impulsada, en efecto, por el presidente de Cajastur, Manuel Menéndez, que aprovechando el colapso del ladrillo, la crisis del sistema financiero, la mala gestión de numerosas cajas que hacían inevitable la reconversión del sector y, naturalmente, también su propio crédito en el entorno económico gubernamental, ha sabido dar primero y, por tanto, dar dos veces donde otras grandes cajas no han hecho hasta ahora otra cosa que amagar y no dar, esto es, ha sabido anticiparse a todas las demás, hace unos meses con la pionera -y compleja- operación de Caja Castilla La Mancha, y esta semana con Caja Cantabria, Caja Extremadura y la alicantina CAM, convirtiendo a la caja asturiana en la gran protagonista de los cambios en el sistema financiero español.

Y esta fusión que llaman fría se ha hecho en principio de la mejor manera posible, o sea, respetando los pilares básicos que han hecho de las cajas instituciones de carácter público y con una específica vinculación territorial y sociopolítica, lo que significa que nuestra caja va a seguir conservando su identidad histórica, su compromiso con el tejido empresarial de la región y su Obra Social, que tan importante papel juega gracias a los muchos servicios que presta a la comunidad asturiana.

Haciendo ciertamente de la crisis una oportunidad Manuel Menéndez ha demostrado con estas dos operaciones seguidas su audacia financiera y su capacidad empresarial, ha convertido nuestra modesta caja en líder de un nuevo y potente grupo financiero, y ha devuelto finalmente a Asturias al centro de la vida económica nacional.

Las capacidades de este antiguo profesor universitario ya se conocían desde su primera etapa al frente de Cajastur, lo que no fue obstáculo para que Álvarez Areces, que había llegado a la Presidencia, entre otras razones, por haber cooptado anteriormente para su causa a aquel tránsfuga de triste recuerdo llamado Marqués, lo primero que hizo una vez instalado en el sillón presidencial fue cargarse a Menéndez para poder tener todo el poder en sus manos -lo que retrata bien a Areces-, pero, como es sabido, aquella defenestración lamentable fue rectificada a tiempo por un pacto entre el PP y el PSOE, en concreto, entre Cascos y Villa, pacto que rescató a Menéndez y que ha demostrado ser decisivo para la buena marcha de Cajastur, para la continuidad regional en el accionariado de la antigua Hidroeléctrica del Cantábrico -hoy HC Energía- y para Asturias en su conjunto, que ha recuperado ahora un lugar puntero en el mapa económico del país.

Un lugar que habíamos perdido en los últimos tiempos, entre otras cosas, por culpa principalmente de la falta de modernas conexiones viarias y ferroviarias con el resto del España y con Europa, por la pérdida de peso de los sectores básicos de la economía asturiana -el carbón y el acero-, y además por los daños colaterales causados por el nuevo sistema autonómico, que al pasar de la circunscripción provincial a la regional conformó un poder político basado en la población autonómica, reduciendo así la fuerza política de Asturias a la de una provincia española.

La perdida de tamaño económico y político ha sido traumática para nuestra tierra en estos últimos tiempos, entre otras cosas, porque Asturias había tenido a lo largo de los dos últimos siglos un gran liderazgo en la vida nacional, primero como resultado del destacado papel político de nuestros grandes ilustrados liberales, después gracias a la fuerza económica de nuestra energía hullera e industrial, y en general por el vigor cultural, social y democrático de nuestra sociedad, como se demostró a lo largo del siglo XX con la famosa Extensión Universitaria promovida por el llamado «Grupo de Oviedo», con la gran implantación del movimiento sindical socialista -que este año celebra el centenario del SOMA-, con el destacado papel en las primeras décadas de siglo del Partido Reformista de Melquíades Álvarez -convertido en el partido «nacionalista» asturiano, como lo eran para sus territorios el PNV y la Lliga Catalana- o, en fin, con el empuje democrático de Asturias contra el franquismo.

Sin embargo, el gran papel histórico de Asturias en la vida nacional había declinado definitivamente desde la marcha de destacados ministros asturianos en los gobiernos de González y Aznar, por eso el éxito de Cajastur es muy importante para el Principado, porque de alguna manera nos devuelve la autoestima, nos rescata de la segunda división regional donde habíamos caído, y nos reincorpora como protagonistas al mapa de España, precisamente en un momento crítico en que se abren nuevos escenarios económicos y políticos para el futuro del país.

Nuevos escenarios donde la conformación actual del Estado autonómico y las finanzas regionales apoyadas en las cajas de ahorros están siendo cuestionadas, y donde nuestra región ha tomado la iniciativa y dado un gran paso económico al frente gracias a Cajastur.

Un paso al frente económico que a la larga también debiera ser político, pues en este estrecho marco «provincial» en el que vivimos el futuro de Asturias está muy limitado, por eso, como ya escribí en otra ocasión, deberíamos empezar a pensar en una nueva «Región de los Picos de Europa» -que incluyera a nuestros territorios vecinos, Cantabria y León, con los que además tenemos tantos vínculos históricos- anticipándonos a la nueva construcción de la España autonómica del siglo XXI, porque sólo en un nuevo mapa autonómico donde tuviéramos más tamaño Asturias volvería a contar de verdad en el mapa de España.

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