JAVIER MORÁN
Esperamos la apertura de la autopista del mar entre Gijón y Nantes-Saint Nazaire con verdadero ánimo de que se rompa el maleficio que pesa sobre la carga rodada en el puerto de El Musel. Sin embargo, tenemos la aprensión de que el ministro de Fomento, José Blanco, se ha quitado dioptrías de sus ojillos en Oviedo, pero todavía no ha visto claro que las nuevas dársenas gijonesas nacen sin conexiones carreteras y treneras a la altura de la magna ampliación portuaria.
Acerca del triste destino del tráfico sobre ruedas en El Musel no hay mucho que repasar. Allá por 1991 la compañía Atlántica de Navegación no pudo sostener un ferry entre Gijón y Lorient (Francia), y en torno a esas fechas hubo otro intento de conectar El Musel con Portsmouth (Inglaterra) mediante otro ferry que al final puso en marcha la naviera inglesa P&O desde Bilbao.
Esta última línea, que transportaba pasajeros, turismos y camiones, cerrará este mismo mes de septiembre, dato reciente que podría desanimarnos un poco más si no fuera porque la línea Gijón-Nantes viene amarrada por fuertes subvenciones públicas de Francia, España y la UE que la obligan a sobrevivir como sea durante unos años (este «como sea» es una expresión que nos recuerda mucho a Zapatero, dicho sea de paso).
Total, que partirán pronto los buques hacia Nantes y viceversa, circunstancia de la que esperamos grandes palabras inaugurales por parte de las autoridades regionales y locales, que además esperan con ansiedad la llegada del turrón navideño porque será entonces cuando El Musel ampliado tenga los muelles listos (ocuparlos es otro problema diferente).
Pero no hay que confundirse: la autopista del mar tendrá su parada en los muelles de La Osa, cuya ampliación es anterior a la actual y se culminó en 2005, aquel día que vino la ministra Magdalena Álvarez y se encontró con que en las nuevas superficies portuarias sólo estaba instalada la carpa del «Circo del Sol».