JAVIER NEIRA
Las mesnadas feudales cursan frenéticas y enloquecidas porque Robin Hood y las guerrillas libertarias están ganando batallas a la vista de todos así que el mercado amenaza al Estado, la libertad a la tiranía y la sociedad a la casta político-económica. Me refiero, claro, a la ciberguerra en curso con la detención de Kim Schimitz, el gurú de Megaupload; la marcha atrás dada por EE UU, al aparcar la ley SOPA antidescargas; las amenazas de los super ricos -los millonarios de la ceja de Hollywood que quieren mantener sus privilegios- y lo que venga que esto solo está empezando.
Estamos como en el siglo XIV o a finales del XVIII, asistiendo a un mundo que se derrumba porque estaba podrido y también porque una vanguardia decidida y con medios ha considerado que ya estaba bien.
Los países más avanzados soportan un peso monstruoso de sus elefantiásicos estados -próximos al 50 por ciento de su economía, más cerca de aquellos sóviet que de una nación libre- que claro no es neutral, es de clase, así que apoya a los monopolios que en su voracidad esquilman a los ciudadanos como los señores feudales hacían con sus siervos.
La revolución tecnológica en marcha -que viene de tres o cuatro décadas atrás- amenaza ese estatus. La pieza clave es la fantasmal propiedad intelectual pero más allá está la desaparición de privilegios, cotos, espacios cautivos y derechos restringidos. Por ejemplo, circula ya el bitcoin como moneda en red, si triunfa se acabó la banca internacional y hasta los estados perderían el inmenso poder que les da emitir moneda. Estamos haciendo historia con mayúsculas.