El Trasluz

Desastre nuclear

 
Desastre nuclear
Desastre nuclear  

JUAN JOSÉ MILLÁS La crisis, siendo mala, se agrava día a día por los desechos atómicos que produce. La crisis empieza a ser un efecto colateral de sí misma, pues además de dejarnos sin un duro, ha instalado entre nosotros una metástasis de mentiras claras y de verdades confusas por las que uno se abre paso a base de machetazos dialécticos, como si caminara por la selva. Cuando Rajoy, por ejemplo, dice que no es partidario, personalmente hablando, del recetazo, échense a temblar. Por cierto que algunos políticos siguen llamándolo «tique moderador sanitario». Un tipo que llama tique moderador sanitario a un impuesto del que dice que es una tasa o a una tasa de la que se afirma que es un impuesto, debería ser relevado inmediatamente de su cargo y entrar ya en una lista negra de personas incapacitadas para hacer política, es decir, para dedicarse a los asuntos públicos. Un tipo que cuando te cobra un euro suplementario por el jarabe para la tos te explica que ese euro sirve para moderar tus apetitos medicamentosos, te puede dar una puñalada en cualquier momento, y a traición. Ese tipo, al tipo al que se le ocurrió tal eufemismo, es un peligro público porque lo que te está diciendo es que no debes abusar de las recetas cuando las recetas las proporciona el médico, te está diciendo un disparate. Ese tipo es un mentiroso, en fin, un embustero que vendería una moto estropeada a su padre. De modo que usted tómese sin culpa las tres cucharadas de jarabe al día, sobre todo porque no se las ha prescrito usted, sino su médico, que se supone que sabe lo que hace. La crisis es también una crisis del jarabe para la tos, de la vacuna para el niño, de la pastilla para la tensión del abuelo. La crisis ha devenido en una crisis de las cosas pequeñas o aparentemente pequeñas y ahí es donde empieza el desastre nuclear, donde comienzan las dificultades respiratorias, como cuando los dictadores suprimen la libertad en nombre de la libertad o como cuando se nos azota por nuestro bien. La cosa pública se ha llenado de azotadores, de mentirosos, de publicistas encargados de buscar expresiones como la señalada más arriba para decir lo que no es, para falsificar la realidad. Montoro, por cierto, ha asegurado que no volverá a subir los impuestos. Mal asunto.

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