Editorial

Una llamada a la generosidad por el bien de Asturias

 16:04  
Una llamada a la generosidad por el bien de Asturias
Una llamada a la generosidad por el bien de Asturias  

Mientras todo se hunde alrededor, aquí estamos sin Gobierno, después de tres legislaturas anteriores de embobamiento general y de casi un año, este último, malgastado en pendencias sin abordar los problemas de fondo ni levantar las alfombras de lo ocurrido anteriormente. El empate entre la izquierda y la derecha tras el escrutinio del voto emigrante, las tensiones para pactar y la judicialización del recuento amenazan con dilatar aún más esta situación inestable. Hace falta que los partidos pidan perdón por haber fallado a los asturianos y que haya un auténtico propósito de la enmienda, empezando por un acuerdo del más amplio espectro posible y conveniente, que cuente con quienes, con honradez acreditada, tienen capacidad para afrontar la grave situación actual y la responsabilidad suficiente para borrar lo ocurrido en los últimos años.

El recuento del último voto ha dejado un empate teórico a diputados entre las dos fuerzas de la derecha, aunque nadie sepa lo que es Foro, y las dos de la izquierda, y a una quinta, recién llegada, como árbitro. El socialista Javier Fernández, cabeza del partido ganador, ha tomado la iniciativa de formar Gobierno. El presidente en funciones, Álvarez-Cascos, ha caído en la cuenta, diez meses después y dos elecciones de por medio, de que necesita apoyos para sustentarse. Aparenta descubrir la pólvora justo cuando ha quedado retratado como el gran derrotado de las elecciones -la derecha o lo que sea tenía en mayo 26 diputados y ahora 22, cuatro menos, los que él perdió- y cuando la aritmética parlamentaria se le pone cuesta arriba.

El resultado deja una situación compleja que plantea caminos de resolución precarios, inestables e insatisfactorios. De bloquearse la elección de presidente porque nadie deshaga el empate, la agonía de una Asturias en desgobierno podría prolongarse todavía varios meses y desembocar en otra llamada a las urnas. Una tomadura de pelo a los asturianos. De alcanzar un partido el Gobierno, sea en minoría o con pactos, no hace falta mucha perspicacia para advertir el encaje de bolillos que precisará. Tanto si se juntan grupos mal avenidos como si uno queda solo frente a los demás, la mezcla puede saltar a la mínima por los aires y condenar a los asturianos a resolver en otros comicios la incapacidad de sus políticos electos.

A quienes creen inventar la política cada vez que se incorporan a un escenario, hay que decirles que por algo así ya pasó la joven autonomía asturiana. Fue en sus inicios, casualmente, entre marzo y abril de hace 30 años, durante la constitución de la primera Cámara, con la que echó a andar el autogobierno. El PSOE y UCD estaban empatados a 24 escaños, y ninguna de las otras dos fuerzas en liza, PCA y AP, inclinaba la balanza. El líder socialista, el desaparecido Rafael Fernández, enarbolado ahora hasta por sus detractores de antaño como ejemplo de virtudes públicas -en especial durante el minimandato pasado-, propuso una gran coalición, una alianza de los dos principales partidos de ámbito nacional que diera solidez y sosiego a la región.

La idea pinchó por estrategias electorales de los centristas. Lo que importa en situaciones así es la grandeza y la altura de miras con la que los políticos de verdad encaran los momentos decisivos, por encima de las ideologías y del debate barriobajero en el fango. Estamos en la encrucijada más difícil de la historia moderna de Asturias, por la maltrecha economía, por unos Presupuestos estatales que traen en sus partidas una cura de caballo y porque España vuelve a ser un gran problema en Europa y un foco de preocupación para el mundo. No es el tiempo de los ventajistas, ni de quienes buscan pescar en aguas turbulentas. Sí la hora de la responsabilidad y del acuerdo, nunca entendido éste como cesión, sino como compendio de las mejores propuestas para el Principado que puedan ofrecer unos y otros con sinceridad y sin trampas. Asturias necesita un consenso de amplia base, una energía renovadora e ilusionante que una con los mejores propósitos el mayor número posible de voluntades.

Acabamos de cerrar un proceso electoral anticipado vergonzante al que condujeron las falacias y mentiras de algunos, que con su retórica populista de fobias y filias bastardas se han enriscado en su política de venganzas para dejar la región convertida en un lodazal. Hemos sufrido una huelga general inútil, que no ha resuelto nada, más bien deteriorado otro poco la ya desesperada realidad de un país al borde del barranco. Dice un viejo adagio: «Si te caes en un hoyo, no te pongas a cavar». Antes que empantanarse en un callejón sin salida, toca un entendimiento del más amplio espectro posible y conveniente, de políticos razonables, honrados, de un pasado intachable y entregados a la causa común, donde prime la generosidad y en el que los partidos entonen el mea culpa por el desprecio con el que han actuado estos años.

Todos saben, aunque lo oculten a los asturianos, quiénes están en política para servir a la ciudadanía y quiénes para servirse de esta actividad en provecho propio por razones espurias. El PP haría bien en dar el primer paso y en desvelar lo que han venido haciendo de la política destacados ex dirigentes suyos, algunos de los cuales les han abandonado con el propósito de «regenerar la región» desde Foro. Al PSOE le ocurre lo mismo respecto de lo que han hecho parte de sus gobernantes en tres legislaturas dominadas por el amiguismo, la megalomanía y la ineficacia.

¿Qué proyecto queremos para Asturias? En eso deberían estar pensando todos los partidos en este instante. Necesitamos recuperar la normalidad institucional y funcional de la región. Hace falta un Gobierno que convenza a los asturianos de que ellos son quienes deben tomar las riendas de su destino con sus decisiones individuales, porque nadie ajeno acudirá en su auxilio ni les sacará las castañas del fuego. Un Gobierno que acabe con tanto clientelismo y tanto momio que desincentivan el esfuerzo personal.

Las sociedades cerradas, regidas por el autoritarismo y el ensimismamiento pesimista, no progresan. Después de tanta frustración, de tanta hostilidad y antagonismo, a Asturias le hacen falta ideas atrevidas y estimulantes, pero, por encima de ellas, mucha cohesión que cierre las puertas al adormecimiento y al aventurerismo interesado y sin escrúpulos que nos han deparado las últimas experiencias de gobierno.

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