Del Inem a Linkedin pasando por Santiago del Monte

La inutilidad del Servicio Público de Empleo

 
Del Inem a Linkedin pasando por Santiago del Monte
Del Inem a Linkedin pasando por Santiago del Monte  

ANTONIO ARIAS LÓPEZ ADMINISTRADOR DE RECLUTAMIENTO DE SERCO EUROPEAN AGENCIES, EN FRÁNCFORT Hace unas semanas asistimos a una polémica ante las declaraciones de cierta ministra (no recuerdo su nombre, disculpen mi lejanía, son unos cuantos años ya allende Unquera-Llanes). Al citado miembro (o «miembra») del Ejecutivo se le ocurrió decir que si los trabajadores de los servicios públicos de empleo formaran parte del sector privado, habría habido despidos. Puedo imaginar el silencio sepulcral en la sala tras la implícita acometida «neoliberal». Supongo al ejército de asesores corriendo con desfibriladores y demás parafernalia necesaria ante la que se avecinaba; apenas un par de meses en el cargo y ya era un cadáver político.

A los artículos y reacciones que siguieron no le llamaremos debate, que exigiría reflexiones maduras, un marco de seriedad, y en algún momento llegar a conclusiones. Eran una mezcla de pequeñas informaciones de sorpresa: de repente a alguien se le había ocurrido mencionar la dramática estadística.

Nadie planteó en ningún Parlamento (nacional o regional) al día siguiente que, en vista de semejante fracaso de los servicios públicos de empleo, se les reorientara hacia otro tipo de labores. Este pequeñito ejemplo de profunda ineficiencia del sector público va camino de convertirse en otro de esos endemismos «de los de aquí» en el que un ejército de funcionarios completamente ajeno a los resultados no sólo pervive, sino que, además, ve cómo cualquier mención de esta situación (no hablemos ya de intento de reforma) es contestada con una andanada de excusas y marcos legales obsoletos. Un escenario ante el que cualquier ciudadano de un país desarrollado se quedaría ojiplático y bastante encabronado.

En España, desde los tiempos de Viriato, impera el muy anglosajón dicho de «si no está roto no lo arregles», evolucionado cual Pokemon hasta el nivel de «y aunque esté roto, ni se te ocurra intentarlo». Tras siglos de aislamiento geográfico, político, moral, económico, y sobre todo tecnológico, pretender que los gestores de lo público y la sociedad en general abran los ojos y se asuma que un Servicio Público de Empleo seleccionando personal es cosa del pasado, y que hoy en día las empresas encuentran talento a través de miles de canales diferentes, quizás es demasiado. Lo siento por los bienintencionados defensores de lo público. Estamos en la era de Linkedin (una red profesional con 150 millones de usuarios en todo el mundo, 2 de ellos en España) o Xing (un equivalente de origen alemán).

En esas redes uno puede registrarse gratuitamente, tanto para buscar un nuevo empleo como para localizar candidatos para su empresa o hacerle a ésta un perfil corporativo. Algunas opciones son de pago para candidatos o reclutadores, pero con costes infinitamente más baratos que los de cualquier portal de empleo estándar de primer nivel, como Monster (el mayor del mundo, 23 millones de CV) que puede costar hasta 20 veces más en términos anuales. Dejando de lado la sencillez de centralizar toda la actividad de reclutamiento y promoción de marca, la simplificación que supone tener todos los perfiles de los candidatos en un mismo formato y su inmenso número, hemos de reconocer que la opción más eficiente en términos económicos sigue siendo la red social.

Ahora viene la parte en la que, si esto fuera una conversación, me preguntarían «bueno, ¿y entonces qué hacemos?» No hace falta una comisión de investigación que se dedique a empujar papel de ente público a ente público. Basta con dejar a las propias empresas hacer su trabajo y generar un buen -y sencillo- marco regulatorio para que en España florezcan las agencias de reclutamiento privadas o para que a algún jefe de recursos humanos no se le ponga la piel de gallina al pensar en utilizar libremente todas las herramientas de adquisición de talento que le provee este libre pero inevitable, vertiginoso -y barato- mercado global en el que vivimos.

Es más, se puede aplicar la misma receta que solucionaría el 90% de los problemas de la economía española: miremos a nuestro alrededor. Saquemos la cabeza de cada uno de nuestros 17 agujeros autonómicos y miremos al mundo global. No hace falta mandar una comisión de altos cargos dando saltos por el mundo a cuenta del contribuyente. Basta con un acceso a internet, una mente abierta y ganas de escuchar. Hay regiones de EE UU -y decenas de multinacionales- que actualmente hacen el 70% de su adquisición de talento usando Linkedin. En nuestra empresa trabajamos perfiles altamente especializados casi exclusivamente a través de esas redes.

Pregúntenles a los millones de ciudadanos que intentan escapar de este desastre económico y político que es España: cómo buscan empleo en Alemania, Australia o Finlandia. No creo que se escuche la palabra Inem en esa conversación.

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