24 de mayo de 2012
24.05.2012
El cormorán

Sub specie aeternitatis

Jornada de reflexión con cierta soberanía sobre los sucesos por parte del votante soberano

24.03.2012 | 01:00
Sub specie aeternitatis

A la hora del recuento final, a la campaña electoral asturiana le ha sucedido lo que a la denominada «semana inglesa», que, como se sabe, es la que acaba el jueves por la tarde o el viernes al mediodía, es decir, que dura menos que la semana continental, aunque tácitamente ya la practican incluso los pueblos más calvinistas.


Queremos decir que este emparejamiento de las campañas de Andalucía y del Principado ha producido que el día de los restallones finales en la mayoría de los partidos haya sido en Asturias el pasado jueves, festividad de San Epafrodito y de Santa Erlinda, entre otros. En cambio, ayer, viernes, ha sido la fecha grande de remate para la Bética, al tiempo que Asturias se reservaba alguna cuchipanda o espicha, como la del PP en Gijón, pese a ser vienes de cuaresma y abstinencia. Ahora bien, Andalucía bien se merece los fastos finales y más gruesos: multiplica por ocho la población de Asturias y se lleva el récord del desempleo nacional. De hecho, el presidente y candidato Griñán (PSOE), tras la última manifestación de los sindicatos contra la reforma laboral del PP, invitó a todos los españoles a que acudieran a Andalucía a deponer el voto y levantar la barricada. Este compadreo entre convocatoria de huelga general y la campaña electoral es lo que más nos revienta. No obstante, el PSOE de aquí, que es más serio, no tanteó ese sensible deseo de que emigremos todos, por lo pronto, para votar.


Pero ahora llega la jornada de reflexión y en nuestras retinas tenemos aún grabadas escenas de ferocidad electoral, principalmente servidas por medios bajo forma de libelo. Hemos visto «naves ardiendo más allá de Orión», como decía aquel personaje de ciencia ficción, y la impresión ha sido tal que llegados a limites de esta naturaleza sólo cabe contemplar las circunstancias «sub specie aeternitatis», que proporciona cierta soberanía sobre los sucesos y el resorte para llevarse las manos a la cabeza sólo lo justo. Todo ello en dosis suficientes como para no malograr la jornada de reflexión del votante soberano.

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