La ciencia económica debe cambiar

Medidas que urge tomar para corregir errores del pasado y evolucionar para mejor

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La ciencia económica debe cambiar
La ciencia económica debe cambiar  

ÁNGEL MACHADO CABEZAS PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO La actual crisis económica, que afecta principalmente a gran parte del mundo occidental, está cuestionando parte de la ciencia económica y de los modelos en los que se sustenta. En economía se ha optado mayoritariamente por excluir la equidad, porque supone juicios de valor y, por tanto, entra en el campo de la política, utilizando sólo como criterio supremo la eficiencia (producir con el menor consumo posible de factores). Cabría preguntarse entonces, por ejemplo, qué es fijar tipos impositivos diferentes según el nivel de renta o el conservadurismo económico surgido de la era Reagan y Thatcher. Probablemente, la no consideración de la equidad ha hecho que aumenten las desigualdades económicas en grandes zonas del mundo. La desigualdad es muy importante, no sólo porque los que menos tienen puede que, indignados, se levanten contra el sistema y no exista fuerza moral ni física que los detenga, sino porque hay multitud de estudios que demuestran que las sociedades más desiguales, en general, tienen habitantes con peor salud física y psíquica, con una esperanza de vida menor, que confían menos en los demás, padecen más homicidios y albergan otras múltiples características negativas. Hay ejecutivos que cobran hasta más de 300 veces más que algunos de los empleados de su empresa, sin que se sepa qué hacen tan bien para merecerlo, siendo ellos además a veces una de las causas principales de su hundimiento. Si ¡sólo cobrasen 50 veces más!, a cambio se podrían crear unos 350 puestos de trabajo adicionales con el sueldo de los más bajos de la empresa. Adicionalmente, las rentas muy altas con frecuencia pagan tipos impositivos inferiores al resto de rentas.


Dos de las hipótesis más irreales, y que más daño han hecho a la ciencia económica las 4 últimas décadas, han sido la eficiencia de los mercados (en particular el financiero) y la racionalidad de los agentes económicos (inversores, productores y consumidores). ¿Por qué no se pregunta a los psicólogos si los agentes económicos son racionales y se mira si a partir de ahí se puede deducir que los mercados son eficientes? Otro problema habitual en la ciencia económica, relacionado con lo anterior, es hacer grandes simplificaciones del entorno, a las cuales se aplica un uso desmesurado de complejas matemáticas que a veces llevan a confundir la belleza de éstas con la realidad. En general, los trabajos recientes de economía son rigurosos y en ellos subyace un enorme esfuerzo. Sin embargo, a veces sus resultados no son muy útiles por su enfoque cortoplacista y por el uso de simplificaciones miopes. Sorprende que expertos con tanta valía profesional cometan tal error que invalida bastantes de sus esfuerzos. Sería mejor admitir las limitaciones de partida, usar situaciones más realistas, olvidándose de la pretensión de lograr resultados numéricos que parecen infalibles porque provienen de un sofisticado modelo matemático, estadístico o econométrico y conformarse con resultados aproximados. Es muy difícil aplicar matemáticas sofisticadas si se parte de que los consumidores no son racionales, pero lo cierto es que no lo son. No es válido afirmar que los modelos económicos son útiles igual que lo es un plano para guiarse por una ciudad, pues el plano representa ésta a escala y si, por ejemplo, en cierto punto aparece una calle con una curva de 30 grados es porque en la realidad hay tal curva, mientras que un modelo económico equivalente probablemente consideraría que la calle sigue recta porque de esta forma es más fácil hacer los cálculos o análisis oportunos. Las ideas y modelos dominantes desde los años ochenta han conducido a creencias erróneas, como que no es necesaria la regulación e incluso que se debe realizar una desregulación financiera, que contener la inflación es suficiente para garantizar el crecimiento, que los presupuestos públicos deben estar siempre equilibrados y que los mercados son eficientes.


Todo lo anterior llevó a la American Economic Asociation a elaborar un simposio cuyos resultados se publicaron en «El Journal of Economic Education» (41,4, 2010) con múltiples propuestas a favor de un cambio en la enseñanza de la economía.


Existen varios autores e instituciones dedicados a la investigación económica que tratan de incluir variables más realistas del comportamiento humano, en línea con los animal spirits de Keynes, es decir, considerando que el comportamiento de los agentes económicos está condicionado por impulsos y sentimientos relacionados con la confianza, la corrupción, el fraude, la equidad y la justicia, entre otros. En esta línea de pensamiento cabe citar, entre otros, a Richard H. Thaler, Bobert J. Shiller, Shlomo Benartzi, George A. Akerlof (Nobel de Economía en 2001), Daniel Kahneman (Nobel de Economía en 2002) y Amartya Sen (Nobel de Economía en 1998).


En el ámbito económico de la gestión empresarial también existen varios axiomas erróneos, complicaciones innecesarias y herramientas discutibles. Así, las normas internacionales de contabilidad (NIC) son injustificadamente complejas y extensas y además permiten alternativas de contabilización, lo que va en detrimento de su pretendida homogeneidad. Hace unos pocos años se cambiaron las NIC para permitir usar en ciertas situaciones el valor de mercado (fair value) en sustitución del valor de coste. El FASB (organismo privado estadounidense que emite principios o normas contables) acordó el 2 de abril de 2009 reformar la contabilidad de los activos financieros de los bancos, permitiéndoles no aplicar el citado valor de mercado y evitar así la quiebra de muchos de ellos debido a la pérdida de valor de muchos activos por la crisis. Es decir, primero se hizo una norma a la ligera y poco después, cuando su aplicación genera efectos no deseados, se deja en suspenso. En España el plan general de contabilidad de 2008 contiene una absurda y excesiva complejidad y no se adapta bien, sobre todo a las pequeñas y medianas empresas, que son la inmensa mayoría de las empresas del país.


En las últimas 3 o 4 décadas ha proliferado la publicación de multitud de técnicas o herramientas de gestión, la mayoría de ellas formadas por tres palabras con sus correspondientes acrónimos en inglés, tales como: MBO, TQM, BPR, ABC, ABM, BSC, JIT, EVA, CRM, VCA y TOC, parte de las cuales no pasó de ser una moda de corta duración, siendo catalogadas por la Harvard Business Review (80,10, 2002) después de examinar 1.700 trabajos sobre ellas de: sencillas, normativas, falsamente alentadoras y servir para todos.


Los modelos de bienestar económico, así como los encaminados a salir de crisis como la actual se asientan principalmente en el crecimiento económico, pero en un mundo con 7.000 millones de personas que siguen aumentando, ¿cómo es posible mantener un crecimiento económico continuado sin enfrentarse a los límites ecológicos de un planeta finito? Si de aquí al año 2050, cuando habrá al menos unos 9.500 millones de habitantes (límite inferior previsto por la ONU para dicho año) el PIB creciese una media del 2,5% anual (inferior a la tasa anual de crecimiento mundial de los últimos 10 años) y se llegase a un PIB medio por persona igual al 70% del de la media de la UE actual, sería necesario que el PIB mundial aumentase más de 9 veces sobre el actual. ¿Es esto viable? Aunque se plantease un sistema de crecimiento sostenible, algo muy difícil de lograr, nos acercaríamos peligrosamente al desastre. Todo esto supone de hecho la mayor injusticia intergeneracional de la historia, pues las siguientes generaciones, salvo que se produzca algún invento revolucionario del que actualmente no parece vislumbrarse ningún indicio serio, tendrán que vivir en un mundo esquilmado y muy degradado.


Evidentemente que hay espacio para la esperanza. En general, la humanidad ha evolucionado para mejor y no es lógico pensar que todo se derrumbe ahora, aunque nunca hubo tanto riesgo (por ejemplo, sólo en China mueren unas 400.000 personas al año por la contaminación). Urge tomar medidas en la ciencia económica que DeLong resume en: cambiar la ciencia económica usando menos modelos teóricos y más consideraciones de microestructuras, de límites del arbitraje y de sesgos cognitivos, más keynesianismo y monetarismo clásico, más historiadores económicos. Adicionalmente conviene promover el ahorro tanto energético como del resto de recursos, lograr planificar la población donde es necesario, reducir de forma sustancial la desigualdad, reformar los sistemas financieros para que cumplan su función y se evite la especulación desmesurada de unos pocos, dar más protagonismo a la política frente a la economía para gobernar el mundo, aplicar programas de gasto público, pero controlando la deuda, y, sobre todo, ir cambiando la falsa y bastante generalizada suposición de que los bienes de consumo representan nuestros sueños y proporcionan un puente tangible hacia nuestros ideales más elevados, y caminar así hacia otra mentalidad más realista y más acorde con una verdadera calidad de vida sostenible ahora y en el futuro.

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