Varadero de Fomento

Ni punto de comparación

Reflexiones al hilo de la desaparición de lady Thatcher

11.04.2013 | 02:16
Ni punto de comparación
Ni punto de comparación

Repasar, en la hora de su muerte, «Los años de Downing Street», las memorias de Margaret Thatcher durante el tiempo en que fue primera ministra británica, es sumergirse en nuestro pasado reciente, en el de todos, cuando no había Merkel ni pensábamos en la voracidad de los mercados y donde las guerras balcánicas o las Malvinas se escribían en presente de indicativo. No se puede leer de nuevo todo el libro, pero sí su índice, mirar algunos de sus santos y, por lo menos, leer el capítulo final, allí donde una gran parte de los suyos, miedosos al fin, mucho más miedosos que ella misma por perder el poder, se conjuran para quitársela de en medio con ella como espectadora privilegiada del drama. Dama de Hierro, pero que lloraba, como ella misma se encargó de fijar por escrito, y que, tras el llanto, también se molestó en informarnos de que se recomponía para comparecer en público. Parece historia presente y han pasado presidentes en los EE UU, en Francia, en Alemania, en España, en Rusia o en Polonia: hasta en Argentina. Lady Thatcher fue, en política, mujer de paradojas: terminó con la dictadura argentina sin haberlo deseado y modernizó tanto a los sindicatos británicos como al Partido Laborista de aquel reino sin tener en mente tal intención. Hija de un tendero, se alzó con el mando entre los conservadores y terminó su carrera política en el secadero de la Cámara de los Lores.


Aquí, en el pueblo, a falta de Dama de Hierro, tenemos cirujana caritativa, pero ni comparación. Sería como hacerlo entre un corcel y un caracol: ambos son animalillos de Dios, ambos comen de las hierbas del campo, pero pocas comparaciones más admiten. Aquí, ni hierro ni calamina, plastilina o arcilla a todo lo más. Dejamos en manos del concejal Couto decir unas barbaridades sobre los sindicatos, pero sin la fuerza de la realidad, que son las críticas que pueden hacer daño, las fundadas. No hay pulso posible porque detrás de la caritativa cirujana falta la idea política. Tan es así que, a pesar de los errores que se cometen por babor, que evidentemente se cometen porque nadie es mago omnisciente, no se nota.


Lo que se percibe es falta de rumbo, bien por temor al qué dirán -desde el público hasta el amado líder-, bien por falta sustancia o por una mezcla de ambas cosas. Eso sí, de la Dama de Hierro les ha quedado la fijación de que cada uno que se las arregle como pueda, es decir, para qué servicios sociales eficientes, atención a la provisión de viviendas a quienes no llegan a ella o planes de empleo de verdad. A estos del FAC gijonés, de no conocer cómo terminó la iniciativa de la recién desaparecida baronesa Thatcher, lo que les pediría el cuerpo sería una especie de alguna nueva «poll tax» a la gijonesa. Y hasta conseguirían el apoyo de sus socios del PP. Probablemente no se atreven, aunque muchos de ellos no sepan exactamente por qué no se atreven: sus mayores les habrán dicho que eso no se puede hacer y se conforman.


Y aquí radica otra interrogante: hasta cuándo y cuánto estará dispuesto el público a aguantar. O sea, cuando se produzca el estallido será como parte de la gran explosión social general o tendremos una especial, de efectos más locales, en nuestro pueblo. Porque aquí el desempleo es un poco mayor que en los municipios de nuestro entorno; el turismo cae en mayor medida que en otros concejos; estamos sin plan de urbanismo, con lo que el sector está aún más si cabe en situación más delicada que otras ciudades y pueblos de la provincia. En fin, bajo el FAC casquista, el declive en la villa y su concejo es más acelerado.


Es verdad que gobierna FAC y que hacia esa formación política debe la ciudadanía dirigir sus miradas interrogadoras. Pero nadie olvide que tal estado de cosas, que tamaña degradación, no sería posible sin la complicidad manifiesta del PP local. Definitivamente, aquí tenemos a algunas señoras al frente de la cosa por estribor, pero no resisten comparación con la hija del tendero que durante once años sostuvo con firmeza las riendas del Reino Unido.

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