Cebrián explica a Jovellanos

Una visión de Jovino a la luz de las opiniones del académico y periodista

09.10.2013 | 02:24
Juan Luis Cebrián, en su reciente visita a Gijón.
Juan Luis Cebrián, en su reciente visita a Gijón.

El pasado jueves, Juan Luis Cebrián, Presidente de Prisa, ofreció una conferencia, invitado por el Ateneo Jovellanos, en la que analizó la personalidad de Jovino desde los valores de la Ilustración. Sé por trato con Juan Luis Cebrián, no en vano ocupa el sillón "V" en la RAE, el mismo que ocupó nuestro Jovino, su gran admiración por él y su cariño por Gijón, razones por las que a pesar de su apretada agenda, siempre que se lo piden formalmente y está dentro de sus posibilidades, busca un hueco para visitarnos.

Esta vez estuvo entre nosotros para ofrecernos, en el marco barroco de la Colegiata, una visión crítica e ilustrada de nuestro más ínclito prócer, alejada tanto de los maximalismos extremos de la derecha o de la izquierda, evitando, por lo tanto, todo sesgo partidista-político. El Presidente de Prisa, ante un público numeroso y atento, repasó la trayectoria vital de Jovellanos: su lucha por la libertad contra el despotismo; su fracaso al ser acusado por enemigos crueles de los vicios más torpes en un servidor público: malversación de fondos públicos, abuso de autoridad y traición de los que se defendió con una prosa retórica admirable en su célebre y nunca bien ponderada "Memoria en Defensa de la Junta Central".

Entre el gran legado de Jovellanos cabe destacar su visión de la educación pública, gratuita y de calidad para todos los españoles. Jovellanos nunca contempló en su pensamiento la laicidad negativa en la educación, como algunos pretenden decir.

Todo lo contrario: en el famoso Tratado teórico-práctico de la enseñanza afirma textualmente: "Es mi deseo, proponer el domingo para la enseñanza de la religión. Si por desgracia esto no se adoptare, se podrá destinar otro día de la semana pues aunque se defraude a los demás estudios, y se prologue por lo mismo la duración de sus períodos, ningún sacrificio debe ser sensible, si se atiende a la alteza e importancia de su objeto (Religión)". Este es un argumento contundente para los que pretenden desterrar la Religión de la enseñanza pública.

El ponente confesó sentirse "perplejo" ante la deriva educativa actual, la lucha por el control de la educación por parte de los enemigos de la libertad, que hace imposible un consenso mínimo por llegar a un pacto educativo nacional que no dependiera de los vaivenes de los políticos

Jovellanos fue un católico convencido y sincero como se puede comprobar en la famosa paráfrasis al salmo "Judicame, Deus", compuesta durante su prisión en el castillo de Bellver, en donde sólo encontró la confianza y la comprensión de los religiosos. Perseguido por la Inquisición y por algunos clérigos intransigentes, supo hasta su muerte, en Puerto de Vega en 181, conservar la serenidad y la paz en condiciones muy dramáticas. Nunca fue ni revolucionario ni conspirador, para él las revoluciones violentas suponen un paso atrás en la historia de las naciones. Propuso en su Informe una ley de reforma agraria alejada de los fisiócratas y de las tendencias expropiadoras. Partidario de la libertad en la economía, contemplaba la intervención pública para garantizar la libertad del mercado y no dejar que la mano invisible de un liberalismo sin control perjudicase a los agricultores y ganaderos, que debían en condiciones de igualdad acceder a la propiedad de la tierra. Jovellanos nunca defendió un capitalismo ni en la agricultura ni en ningún otro sector. Aspiraba y por eso luchó y fue perseguido, por conseguir un país más justo, comenzando por la vida rural, con más y mejor educación y con mayor justicia social e igualdad en la posesión de los bienes.

Con una Iglesia reconducida a la primitiva religiosidad del Evangelio. Jovellanos fracasó en su intento de construir con su reformismo político agrario educativo y cultural un país más abierto, tolerante y educado.

Pero su legado continúa siendo válido, si no en las circunstancias concretas, sí en el análisis y valoración de los problemas y dificultades que amenaza la identidad de España, su progreso y sus libertades. Porque Jovellanos no fue ni un entusiasta liberal, ni un conservador obstinado.

Como dijo Cebrián en Gijón, el segundo centenario de la muerte de Jovellanos (1811-2011) fue una oportunidad perdida para ofrecer una visión de la persona y obra de Jovellanos menos dependiente de las políticas e ideología de los gobiernos de turno. Por faltar -afirmaba- se echó de menos una película de calidad que tuviera como tema la personalidad más lúcida de la Ilustración española, Melchor Gaspar de Jovellanos.

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