Las elecciones de la responsabilidad

06.12.2015 | 04:14
Las elecciones de la responsabilidad

Desde que los ciudadanos, acuciados por la crisis, dejaron de mirar para otro lado y de ser laxos con sus gobernantes, los políticos ya no saben qué excentricidad emprender para volver a congraciarse. Bastaría para empezar la reconquista de la confianza con que les mirasen a la cara, les enumeraran medidas factibles para hacerles la vida más fácil y cumplieran luego con su parte del contrato. Como la política sigue siendo representación y espectáculo, importa más el envoltorio que el género.

En los días previos al pistoletazo de salida los candidatos se han subido en globo, bailado en variados escenarios, cantado en platós, comentado partidos de fútbol por la radio y desfilado por los programas más populares. Tiempo de trivialidad y desconcierto. Antes el consejo fundamental de un asesor a su líder en campaña era que procurase no meter la pata.

La presión social surte efecto y está obligando a los partidos a romper con el inmovilismo para reconectar con la sociedad. A los grandes les produce pereza, no tanto por el agotamiento de su modelo ni del bipartidismo como por la dependencia de la pesada carga de cargos y colocados que arrastran. Un ejemplo: el cementerio de elefantes en el que han convertido el Senado, su último reducto porque de nada sirve y a nadie importa. Cuando más tarden en ser valientes y soltar lastre, más facilidades de consolidación brindan a los rivales.

Asturias afronta una competición electoral llena de novedades. Quizá en otro contexto menos convulso no habrían sido tantas. Todos los cabezas de cartel son nuevos. Sin pasado, con trayectorias cortas en la política o nula experiencia. Por primera vez, tres mujeres lideran candidaturas de peso. Hay más variedad para elegir que nunca. Hasta cinco formaciones cuentan con posibilidades de obtener representación, algo nunca visto.

La derecha, PP y Foro, reunifica sus votos. Los intereses y el egocentrismo de algunos lo habían hecho imposible hasta la fecha. Poniendo el ajuste de cuentas por delante de los deseos del elector conservador, los vengadores acabaron por convertirse en eficaces aliados de la izquierda. La hicieron ganar comicios incluso en sus horas bajas. Los promotores del PP-Foro saben que sus posibilidades de contar con una opción vencedora pasan por sumar esfuerzos y arañar sufragios resto a resto. Máxime ahora, que un joven antagonista, Ciudadanos, llega lanzado a arrebatarles su clientela. Pensando en clave asturiana, la región necesita una alternativa de gobierno de derechas fiable, que no salte por los aires en cuanto recibe el respaldo de los votantes.

La izquierda va a pasar varias pruebas de fuego. Nunca existió tanta oferta en liza: un partido socialista, una coalición comunista y un grupo populista sostenido en el carisma que, notando cerca el poder, modera o endurece su doctrina según convenga para ampliar adeptos o no defraudar a una parte de sus bases. El PSOE, que a nivel nacional necesita ganar para evitar una avería interna, e IU, en lucha por sobrevivir, tienen que hacer frente a la ola de Podemos. Los podemistas pusieron sus máximas expectativas en las generales. Tras el fogonazo de las europeas, sus contradicciones ideológicas y las decepciones o tropiezos allí donde gobiernan empiezan a causarles cierto desgaste.

Estamos probablemente ante los comicios más inciertos de nuestra historia electoral cuando acechan conflictos gravísimos que exigen para su embride lo mejor de los mejores: un irracional pulso independentista para romper España; un terrorismo yihadista que amenaza al mundo libre; una interminable recesión económica que ha agigantado la desigualdad en el reparto del trabajo y la riqueza, y un proceso reformista aún incompleto.

Se puede hacer mucho más para reducir el paro. En Asturias aumentó por tercer mes consecutivo. Reintegrar a los desempleados en el sistema productivo pasa por aumentar su cualificación, no por el resurgir de sectores con alta demanda de mano de obra poco formada, como los servicios o la construcción. Brindar oportunidades a los jóvenes no consiste en ofrecerles contratos en prácticas mal remunerados, consolidando un despilfarro humano y material. Relanzar la economía no es interferirla sino velar por el correcto funcionamiento de los mercados en igualdad de condiciones y oportunidades.

Los desfavorecidos siempre tienen que contar con ayuda y quien necesita verdaderamente un rescate es la sufrida, y mayoritaria socialmente, clase media. La crisis la condenó a un doble castigo. Por un lado, el de ver sus salarios estancados y sus empleos precarizados. Por otro, el de padecer impuestos multiplicados para tapar los agujeros del déficit y la deuda. La transformación del país no puede pararse por un mapa político fragmentado que desincentive la regeneración.

Los sondeos ofrecen disparidad de resultados. Detectan mucha volatilidad en el voto, un porcentaje alto de indecisos y preferencias muy repartidas. Todo va a depender de los acuerdos poselectorales, que no deberían impedir un gobierno estable y con ideas claras ante los desafíos que le aguardan. Habrá que prepararse para una nueva cultura de pactos, en los que la sociedad española, desde que consensuó la Transición, dejó de entrenarse. La principal responsabilidad recae ahora mismo en los ciudadanos. En que vean, comparen, elijan y voten a las opciones que, con sinceridad, crean capaces de resolver sus dificultades, no de plantearles otras nuevas con ocurrencias o frentismos.

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