El agua como fuente de riqueza para Asturias

27.03.2016 | 05:35
El agua como fuente de riqueza para Asturias

El agua no se puede fabricar ni tiene un sustituto. Cada veinte años, el consumo se duplica, según los expertos. Su carencia constituye ahora mismo una de las lacras de la humanidad. La nanotecnología es uno de los campos de la investigación que van a revolucionar el mundo, según quedó de manifiesto en la I Semana de la Ciencia que organizó el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA para reinaugurar sus instalaciones. Basándose en los descubrimientos nanotecnológicos, los científicos intentan diseñar filtros especiales, una especie de coladores muy sofisticados, que separen por densidad los virus y las bacterias del hidrógeno y el oxígeno o quiten la sal al mar. Hasta que eso no llegue, quien tiene agua posee un tesoro. Asturias está entre las regiones afortunadas.

Aunque a los asturianos les parezca un hecho de lo más normal, abrir el grifo y la ducha cada mañana sin restricciones o disponer de miles de litros para refrigerar los equipos productivos de Arcelor constituye un pequeño milagro todos los días, todos los años. En grandes áreas del planeta eso no ocurre y cuatro décadas atrás, ayer como quien dice, tampoco era lo habitual aquí. La constitución del Consorcio para el Abastecimiento de Agua y Saneamiento en el Principado (Cadasa) data de 1967. Hasta mucho tiempo después no estuvo plenamente operativo. La Diputación de entonces -el Gobierno autonómico después- y los ayuntamientos tuvieron que organizarse y colaborar para administrar sus redes, a pesar de la abundancia. Cada uno guerreaba por su cuenta, dispersando los esfuerzos, y en verano había cortes.

Las disponibilidades hídricas son decisivas para el desarrollo de la vida, y para el progreso de la economía. Influyen en la pobreza, en la alimentación, en la energía, en los movimientos migratorios. Bien lo saben decenas de organizaciones solidarias asturianas que tienen como proyectos prioritarios la perforación de pozos artesianos o la construcción de traídas. Las mujeres y los niños africanos, los encargados de acarrear calderos, pierden hasta seis horas cada jornada abasteciendo sus aldeas. Tiempo que no dedican a estudiar o a otras actividades: la escasez de líquido les encadena al atraso.

España agota sus reservas al doble de velocidad que la media de la UE. Las autonomías afirman estar comprometidas con la explotación razonable de los embalses. Pero el consumo no baja. Sólo cuando los largos periodos de sequía, cada vez más frecuentes, alarman al país estalla el debate con crudeza. Aunque todo quede posteriormente en ruidosas peleas maniqueas. Una directiva de la Unión Europea aboga por incentivar los aprovechamientos eficientes. Tan poco preocupa este aspecto que una obra de la magnitud de la Variante de Pajares pudo acometerse sin estudiar rigurosamente los acuíferos, succionándolos al avanzar las tuneladoras y convirtiendo el desagüe al río Huerna, por Lena, en un chorro impresionante, 350 litros al segundo que se derrochan.

Asturias lleva tanto tiempo mirándose el ombligo que ha perdido la costumbre de enfocar globalmente sus problemas y descubrir sus puntos débiles y sus ventajas. Para impulsar una nueva región hay que producir ideas nuevas. Por el agua pueden llegar oportunidades inéditas. Un metro cúbico, el equivalente a mil botellas de un litro, valía en España 1,87 euros en 2011. En Francia, 3,45 euros. En Reino Unido, 3,79 euros. En los Países Bajos, 4,95 euros. En Dinamarca, el más caro, 7 euros. Quizá porque aquí se obtiene casi gratis no hay conciencia de su coste. No significa esto que haya que incrementar el precio, sino que conviene aprovechar la diferencia para atraer empresas y ciudadanos.

El sector hidrológico propicia también un desarrollo industrial -depuradoras, tuberías, válvulas, equipos de filtración- que genera puestos de trabajo. Contamos, después del maná de los fondos comunitarios, con infraestructuras de última generación, algunas funcionando a medio gas. Desde aquel visionario plan para sanear los cauces negros de la minería, hoy recuperados para la pesca, Asturias camina por delante. Para una vez que lo hace, no debe permitirse retrocesos. Muchos analistas, y no precisamente los fundamentalistas del cambio climático apocalíptico, auguran que el agua va a convertirse en el petróleo de la nueva centuria.

El oscense Víctor Lapuente, profesor en Suecia, divide a los políticos en pastores y corderos. Son pastores los que toman la iniciativa proponiendo soluciones. Son corderos los que diluyen su responsabilidad en el rebaño, adaptándose a sus demandas, y camuflan demagógicamente en la voluntad de la masa su falta de criterio y de coraje para decidir. La mayoría de los dirigentes de hoy actúan como pastores en los asuntos menores, estéticos e intrascendentes, y como corderos en manada en los mayores, los complicados, los que exigen arrojo y argumentos.

El agua es un asunto para políticos de verdad, no de los que se esconden. Para líderes precursores. Porque de su acertada gestión depende que este recurso acabe convirtiéndose para la Asturias de mañana en algo parecido a lo que otras materias primas supusieron en la de ayer: una fuente de riqueza.

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