Clave de sol

Las vocaciones religiosas femeninas

13.04.2016 | 04:15
Las vocaciones religiosas femeninas

No sin algún reparo asistió el periodista en la tarde del domingo al extenso reportaje televisivo de "la Cuatro" -¡precisamente la Cuatro!- sobre el mundo de la profesión religiosa femenina de hoy, monjil para entendernos en el casi peyorativo sentido de la palabra. He de confesar mi positiva sorpresa sobre todo por la segunda parte en la que asistimos a los testimonios en vivo de varias jóvenes resueltas a tomar una decisión radical en sus vidas.

La explicación ortodoxa es la fuerza de la vocación religiosa -expresión sospechosa para muchos- pero que a la vista de sus declaraciones ante las cámaras da la impresión de que esa llamada misteriosa existe y a la que no parece fácil resistir. Sorprende el aplomo y la serenidad no exenta de pasión juvenil que demostraron cuantas intervinieron, ligadas ya en mayor o menor grado a sus distintas organizaciones religiosas.

Casi siempre hay que contar, y puede darse por segura, con una inicial oposición familiar. En ocasiones por cierto despego hacia lo religioso tan compartido en la sociedad española de hoy. Otras, por entender que ese destino escogido traerá consigo una suerte de ruptura familiar y una despedida para siempre.

Lo que en el corazón de los padres tiñe el hecho en sí, por singular, aún de mayor rechazo que la de despedir a un hijo que se va para formar su nido o emprender su propia ruta vital lejos de la casa paterna. La vida suele estar llena de adioses y renuncias. Admito que el extenso reportaje dominical -que seguirá el domingo por la noche- constituyó un alegato a favor de que ese paso trascendente no tendría que revestirse de melancolía porque se supone que la decisión entraña que la persona ha encontrado su camino y con él la felicidad.

¿Cómo no evocar la campanada que supuso en la sociedad ovetense de hace décadas la decisión del joven Rafael Armáiz Barón, recién terminada su carrera de arquitecto, de entrar en un convento trapense y hoy prácticamente en los altares?... Rafael era un joven de su tiempo, divertido, fumador, bailarín? Y de pronto se le ocurrió decir que "para un alma sedienta de horizontes infinitos los de la tierra no le bastan". Y en nuestros días, el fenómeno sin fácil explicación de sor Verónica, María José en el mundo, hermana de don Raúl Berzosa que fue obispo auxiliar de Oviedo y hoy es titular de la diócesis de Ciudad Rodrigo. Su fundación, de nombre Iesu Communio, con origen en las antiguas Clarisas, tiene desde hace años una difusión acelerada con cientos de religiosas y aspirantes con un estilo juvenil y hasta un hábito original de tela vaquera.

Testimonios potentes, ya digo, de personas de este tiempo, audaces, seguras de sí mismas, generosas y, por supuesto, con una fe, a veces sobrevenida, pero a prueba de bomba. Podemos no confiar mucho en los misterios, pero haberlos haylos.

¿Acabó ya la comedia? Aunque habría que hablar en este caso más bien de sainete, un vulgar y aburridísimo sainete que se ha extendido ya demasiado y hace ya mucho tiempo que empezó a cansar.

Los actores, más bien mediocres, sin moverse prácticamente de su sitio, como si temiesen defraudar a su público y sin pensar en ningún momento en el conjunto de la audiencia. E incluso uno de ellos, convencido de que debía ser otra vez el ungido, sin dignarse a salir a escena y limitándose a mirar el espectáculo desde el palco en espera de que los otros tiraran la toalla y le dejaran libre el camino.

Y ahora, en vista de que las cosas han vuelto prácticamente al punto de partida, toca sólo señalar al culpable sin que nadie quiera asumir -es lo habitual entre nosotros- las propias responsabilidades.

Hemos escuchado palabras como "transversalidad" o "mestizaje", como si todo se pudiera reducir a un par de eslóganes, pero así es la política estos días.

¿Quién se molesta en leer los programas de los partidos, si es que por otro lado estos dicen algo más que generalidades, porque se sabe que si alguna vez van al detalle difícilmente van luego a cumplir lo prometido?

Tenemos desde que empezó la función un hartazgo de mensajitos intercambiados por esas redes sociales que tanto les gustan, de apariciones en tertulias y programas de televisión donde se trata sólo de culpar al otro del fracaso colectivo.

Reproches mientras algunos medios y obsesivos tertulianos se dedican a emponzoñar aún más el ambiente con informes de incierta procedencia sobre la financiación de alguno de los partidos, al que no parecen querer ver ni en pintura los poderes fácticos.

Han pecado los actores bien de ingenuidad, bien de excesiva confianza e incluso de un cierto maquiavelismo de hojalata, según cada caso, y hay también a quien le ha podido y perdido su inmadura arrogancia.

Terminada, a lo que parece, la mediocre representación, hay quienes en el público parecen empezar a echar de menos el bipartidismo, ese del que nunca quisieron salir los dos partidos que tan cómodamente nos han estado gobernando desde que llegó la democracia.

Es en lo que confía el actor que se quedó en el palco y que no cree que haya que cambiar nada porque todo se hizo bien, y ahora sólo queda rematar la faena, como exige Bruselas, con la ayuda del otro partido de siempre, que le serviría para completar esa mayoría que esta vez le falta. Y mientras tanto, los problemas siguen ahí: los casos de corrupción, el paro que no disminuye, los trabajos cada vez más precarios, los jóvenes obligados a emigrar, las leyes que más rechazo social han provocado en vigor uno no sabe aún por cuanto tiempo, y, para colmo, el Gobierno en funciones negándose en su soberbia a responder ante el nuevo Parlamento.

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