El salmón como gancho turístico para Asturias

22.05.2016 | 05:25
El salmón como gancho turístico para Asturias

La pasión por la pesca del salmón no decae. Los viernes, sábados y domingos, días de acceso libre a las zonas no acotadas, las riberas son una romería a pesar de la escasez de piezas. Decenas de pescadores se agolpan en las orillas y echan a suerte sus turnos de lance. Disfrutar de salmones, y más en unas cuencas tan alejadas de los mares del Norte como éstas, es un privilegio.

Un antiguo presidente regional aseveró en una ocasión que Asturias era la región del oso y del acero. Si hubiera añadido la del salmón, la de las cuevas prehistóricas, la del Prerrománico y la de los Picos, otras joyas singulares y de características únicas en el mundo, la frase le habría quedado redonda. Asturias acoge a la población de salmónidos más numerosa de España. Bosques, ríos, montañas, arte, historia e industria. Combinados con acierto hay ingredientes para armar una alternativa económica con futuro.

Para seguir siendo expresión de lo asturiano y estar lo más cerca posible de los intereses de los lectores, nació "Campanu", el suplemento que LA NUEVA ESPAÑA dedica todos los martes, de mayo a julio, a las noticias en torno al salmón, la trucha y los reos. Es una experiencia inédita e innovadora en la prensa asturiana. La actualidad de cada río, los personajes que han estado una vida al pie de los cauces, los cebos, las historias, las técnicas, la artesanía para la elaboración de moscas integran sus variados contenidos. Para muchos, en particular los profanos en la materia, habrá supuesto una revelación del rico universo que mueven las cañas.

La primera condición para disfrutar y aprovechar los salmones es tenerlos. En Portugal, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia y la Dinamarca continental están prácticamente desaparecidos. En Francia, Inglaterra y Estados Unidos, en declive. Ya no salen ejemplares como el de 16,10 kilos que dio el Narcea en 1963, un récord todavía imbatible. Aquí, de aquella época en la que los canteros de Covadonga tuvieron que sublevarse para cambiar de menú, hartos de comer el pez a diario -era lo que abundaba en Cangas de Onís-, hasta hoy, convertido en manjar escaso y exquisito, la especie ha decrecido. Nadie puede cuestionarlo. Los fluctuantes balances de capturas, sin explicación aparente, lo señalan. En este siglo hubo años extraordinarios: 2001, con 2.806 salmones extraídos, o 2005, con 2.748. Y también alarmantes: 2009, con 356, y 2010, con 247.

Cada apertura de campaña viene precedida de la misma pugna entre quienes defienden una pesca más intensiva y quienes proponen suprimirla de raíz, implantando de forma permanente modalidades sin muerte, que devuelven los salmones al agua tras desprenderlos del anzuelo. Todos tienen sus razones. El sentido común dicta que para un modelo como el de Asturias, que opta por hacer compatible la pesca deportiva con la conservación de la especie, cualquier posición extrema resulta desaconsejable en busca de ese equilibrio complejo.

La mayoría de los pescadores están concienciados y pocos cuestionan la necesidad de imponer algún tipo de restricciones. Para fundamentar dónde están los límites faltan quizá registros científicos más detallados. El número exacto de salmones que entran en los ríos para reproducirse, dato fundamental de cara a determinar cuántos pueden eliminarse sin comprometer su evolución, sigue siendo una incógnita. No hay contadores en todos los caudales, ni un inventario de frezaderos, ni un plan para eliminar los obstáculos que impiden el remonte, ni medidas para controlar el exceso de depredadores.

Queda, pues, mucho por realizar. Pero hay un aspecto en el que la región apenas ha avanzado: el aprovechamiento del potencial de esta pesquería como gancho turístico. Llegar no sólo a los pescadores sino también a sus familias. Para un extranjero resulta casi imposible pescar en aguas asturianas y los de otras zonas de España no lo tienen fácil por la competencia de los locales. En Escandinavia, en Canadá, en Escocia o en Irlanda, el salmón salvaje actúa como un importante revulsivo económico. Tanto, que algunas áreas han llegado a saturarse. Los guías buscan nuevos paraísos para huir de la masificación. Frente a territorios de condiciones meteorológicas hostiles durante buena parte del año, Asturias representa una climatología amable y un paisaje tan bello como desconocido.

En la estrategia para recuperar el medio rural, los expertos y los agentes de desarrollo local claman por buscar nuevos productos turísticos. Experiencias innovadoras, atractivas y profesionales que vayan más allá del hecho de ofrecer alojamiento. Aquí tienen una oportunidad. Un anzuelo inmejorable, nunca mejor dicho. El día que conoció los ríos asturianos un monitor de pesca fluvial que trabaja en los principales países salmoneros y con clientes de lujo no pudo reprimir su sorpresa ante un biólogo asturiano: "Ustedes no son conscientes de lo que poseen. Yo podría traer aquí a viajeros americanos con capacidad para gastar junto a sus acompañantes, entre permisos, compras, comida y estancia, seis mil euros o más a la semana". ¿Empezaremos algún día a valorar las cosas excepcionales con las que contamos en Asturias y a pensar a lo grande?

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