13 de julio de 2016
13.07.2016
Cien líneas

Historia

13.07.2016 | 03:44
Historia

En la madrugada del 13 de julio de 1936 un grupo de pistoleros -ojo, funcionarios de seguridad para mayor agravante- salió de cacería humana por las calles de Madrid. La banda estaba constituida en lo esencial por gente de la motorizada de Indalecio Prieto. Por cierto, a los organizadores de la exposición que ahora se muestra en su Oviedo natal debería caerles la cara de vergüenza.

Decidieron ir a por Antonio Goicoechea, líder de Renovación Española, para asesinarlo, claro. Así se las gastaban los progresistas. No se encontraba en su domicilio. Sin desanimarse, el nuevo objetivo fue José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, el principal partido de la oposición. Estaba veraneando en Biarritz o, mejor dicho, no dormía en casa porque sabían cómo se las gastaban el Gobierno y sus matones.

Nuevo objetivo, el diputado José Calvo Sotelo. Vivía en el número 89 de la calle Velázquez. Había sido ministro de Hacienda y destacaba como una de las grandes figuras la derecha española.

Lo secuestraron y ya en una camioneta llena de bandidos el pistolero socialista Luis Cuenca, escolta de Indalecio Prieto y delegado de Gobernación en las elecciones repetidas en la provincia de Cuenca, le disparó por la espalda y lo asesinó.

Al día siguiente la comitiva fúnebre fue tiroteada al regreso del entierro por pistoleros del Frente Popular, sin que las fuerzas policiales intervinieran

Para qué seguir. Jamás se recuerda así porque el objetivo es mentir y mentir, aborregar y aborregar. Y aún hablan de una República democrática.

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