23 de julio de 2016
23.07.2016
Editorial

El voluntarismo del pacto social

23.07.2016 | 05:38
El voluntarismo del pacto social

El Ayuntamiento de Gijón acaba de escenificar la presentación del nuevo modelo de concertación social que han firmado el gobierno municipal, los sindicatos UGT y CCOO y la patronal asturiana FADE. Con el rimbombante título de Acuerdo para el Impulso de la Actividad Económica, la Creación de Empleo y el Desarrollo Sostenible se enumera en el documento, de carácter cuatrienal y una dotación de 158 millones de euros, un amplio paquete de iniciativas "con el propósito de que puedan contribuir a revertir, en la medida de las posibilidades con las que cuenta una administración local, la situación socioeconómica en la que nos encontramos sumidos o, al menos, a fomentar la creación de más puestos de trabajo y de empresas en las que trabajar".

Resulta loable el compromiso de la Corporación municipal gijonesa, que lleva a cabo planes integrales en al ámbito de la promoción económica y el empleo desde 1993, de consensuar con los agentes sociales un conjunto de medidas con el fin de mejorar los indicadores económicos del municipio. Pero el propio documento recién presentado pone el dedo en la llaga de su escaso realismo: las posibilidades del Ayuntamiento darán como mucho para poner parches pero no resolverán, lamentablemente, el grave problema del desempleo en Gijón.

El empleo en Gijón decrece desde 2007. Desde ese año a 2010 se destruyeron en la ciudad 9.500 puestos de trabajo, con lacerante incidencia en el sector de la construcción, donde se perdieron en ese periodo 4.700 empleos. La situación retrotrae a Gijón a los peores años de la brutal reconversión industrial de los años 80 y 90. A finales de 2011 el paro registrado en la ciudad ascendía a 25.970 personas. En la actualidad, aunque los números han mejorado, aún la lista local del desempleo incluye a 24.016 gijoneses, con las mujeres y los jóvenes como los sectores de población más afectados. El nuevo pacto social peca de exceso de voluntarismo y en algunos casos de enorme ingenuidad, como el novedoso plan de retorno del talento emigrado. La propuesta municipal de incentivar el regreso de los jóvenes más preparados, ayudándoles a crear una empresa, reconoce en el documento que sería un éxito la incorporación de dos emprendedores al año. Lo cual parece un objetivo escasamente ambicioso, como también la iniciativa similar del Principado que pretende atraer con subvenciones a los jóvenes investigadores emigrados durante los últimos años, aunque el montante de las ayudas solo serviría para atraer a diez de ellos en cada anualidad.

Como el Ayuntamiento de Gijón tiene escasas posibilidades de acabar con el paro en Gijón, sí puede al menos incentivar a las pequeñas empresas locales, verdaderas generadoras del empleo. Y lo ha de hacer mejorando la prestación de los servicios que les ofrece, como la Ventanilla Única, y reduciendo al máximo las cargas y los trámites administrativos que los emprendedores se encuentran en esta ciudad a la hora de crear una empresa.

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