16 de agosto de 2016
16.08.2016

Nadal y las cosas de los jueces

16.08.2016 | 04:49
Nadal y las cosas de los jueces

Continúan los Juegos de Río y su función terapéutica: el deporte distrae de otras preocupaciones. Menos mal. No todo van a ser silencios, vetos e incertidumbres. Después de tanto tiempo en el cole del gobierno en funciones y sus oponentes diversos, nos merecíamos un recreo. El PSOE tiene un problema en la sala de máquinas, evidentemente, pero el problema es de tanta duración que el recreo se hacía justo y necesario. Mola un montón ver la tele estos días, aunque no siempre te alegres del resultado.

Se esforzó Rafael Nadal en Rio de Janeiro como el gran deportista que es; no todo le salió bien. Contó, en su disputa por el bronce, con el inconveniente de un juez de silla que, por lo visto, no anduvo fino y no trató a los dos contendientes de la misma manera. Nishikori se dio una vuelta por los vestuarios cuando Nadal estaba remontando y el juez de silla, tan estricto con Nadal en ocasiones, no dijo nada. Pues vaya plan. Hizo bien Nadal en defenderse. Lo que se espera de un juez es la imparcialidad; lo peor que se puede decir de él es que la rompa. Cuando alguien está obligado por su oficio a tratar a todo el mundo igual y no lo hace, la conclusión es obvia: ese alguien hace mal su trabajo.

Yo no he venido a traer la paz sino la espada, dice el Evangelio de San Mateo (10, 34) Vale decir, que en la vida- así en Rio como en sitios que nos quedan más cercanos- hay que mojarse cuando toca y ayudar al desvalido renunciando a la comodidad del postureo y, especialmente, no cayendo en la vileza de favorecer a los poderosos por cobardía y ponerse chulo con los ofendidos por torpeza y pobreza de alma. Alguien cometió hace poco, en lugar mucho menos lejano que la capital del Brasil, la impiedad de exhortar a la oración a quien protestaba de una injusticia clamorosa. El exhortador, más amigo de no leer al arcipreste de Hita -tan instructivo siempre- que de dar consuelo al afligido, que es una triste obra de misericordia, cometió varias torpezas. Él no sabe cuánto reza la persona a la que, de manera desabrida y chulesca, exhortó a rezar.

Cometer una injusticia está al alcance de cualquiera, pero hay oficios en que esa injusticia resulta sangrante y deja en lugar penosísimo a quien la comete. Refugiarse por cobardía en los brazos de los agresores renunciando a defender a los agredidos es una vileza también, al alcance de la condición humana. Pero es mejor predicar y dar trigo que solo predicar. Cuando un puesto de trabajo que no quiero nombrar estuvo bien cubierto, no asistimos a determinadas mezquindades impensables hace pocos años. No pedirá perdón quien ofendió a alguien que tiene corazón más noble que el suyo. Allá él. "O tempora o mores" , dijo Cicerón. Ay, los clásicos. Qué bien hizo Nadal en protestar.

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