31 de agosto de 2016
31.08.2016
Abogada del ICAM, filóloga y letrada del Tribunal de la Rota

La imagen deformada de la sexualidad de Bousoño

Las muchas novias y amantes del poeta asturiano

31.08.2016 | 12:40
Ruth Bousoño

Me considero amiga y admiradora de una gran parte de los muchísimos periodistas culturales con los que llevo tratándome, de una forma muy cercana, desde que tenía veintiún años. Algunos han formado parte de las celebraciones más importantes de mi vida familiar. Pero como la dignidad personal y la propia imagen de mi difunto esposo son un bien superior que viene siendo arrastrado por el lodo del oportunismo desde que el pasado 14 de enero un escritor de libros de otra época -prácticamente desconocido hasta entonces- irrumpiera en los medios de comunicación anunciando a bombo y platillo una biografía de los supuestos besos de Vicente Aleixandre -que prometía bastante más de lo que ha aportado-, me veo obligada a denunciar públicamente la "caza de brujas" de la que viene siendo víctima Carlos desde la antes citada fecha.

El citado autor irrumpió en la prensa como un elefante en una cacharrería. Hizo declaraciones que demostraron una monumental ignorancia sobre quién era Carlos Bousoño y sobre quiénes eran los dueños del Archivo Vicente Aleixandre desde el 18 de diciembre de 2013: Carlos y Ruth Bousoño; aunque, según él, había el 14 de enero de 2016 un pleito en marcha entre la familia Bousoño y la sobrina segunda de Vicente Aleixandre.

El biógrafo de los supuestos besos aleixandrinos -quien da las gracias en su libro a las personas que le ayudaron en su trabajo- hizo públicas en su biografía unas cartas que son propiedad de mis hijos y mía. Carlos y yo nos vimos obligados a utilizar dichas cartas en sede judicial del que fuera un procedimiento largo y costoso -que nos ha supuesto más de 300.000 euros-, para defendernos de las acusaciones públicas torticeras, injuriosas y calumniosas que hizo contra nosotros, desde 2007, la avariciosa y millonaria sobrina segunda del Premio Nobel 1977, Amaya Aleixandre Artiñano, quien recibiera copias de tales cartas al ser parte demandante de un pleito provocado por su codicia y presunto ánimo de expolio y apropiación indebida.

Aunque no todos los medios de comunicación se han hecho eco de las declaraciones del biógrafo de los besos con lesión manifiesta del derecho a la intimidad personal y familiar, y a la propia imagen de Carlos Bousoño, sí los ha habido que han hecho comentarios contrarios al buen gusto y a la sensibilidad que se espera de profesionales sólidos del ámbito cultural. Ha habido periódicos que le dieron un trato a la noticia digno de programas como "Salsa rosa" o "Tómbola".

En su afán de apuntarse al filón salsarrosero en que derivó el anuncio de la malhadada biografía de los presuntos besos aleixandrinos, algunos autores y periodistas se han dedicado a hacer elucubraciones sobre qué poemas pudo inspirarle a Vicente Aleixandre Carlos Bousoño. Y ha habido comentarios de todo tipo. Llegué a leer en un artículo reciente un comentario gratuito sobre Carlos, en base a un poema que le dedicara Vicente, que estaba inspirado en un muerto.

Nadie sabe con certeza sobre qué o quién inspira a los artistas. He escuchado en varias ocasiones a Alejandro Duque Amusco -el máximo especialista en Vicente Aleixandre en la actualidad-, aplicado a la visión amorosa del poeta de Velintonia, que "el verdadero amor lo lleva uno dentro de su pecho y no se corresponde con ningún ser concreto, como refleja también la teoría de la cristalización de Stendhal". Así puede verse en el poema "La realidad" de "Historia del corazón", poema del que citaré los versos que ilustran lo dicho por Duque Amusco:

"Recuerdo aquel amor: era amor? / Recuerdo aquel corazón. Tenía la forma del corazón? / Recuerdo aquella música que yo pretendía escuchar en un pecho / Me quedaba dormido sobre un pecho cerrado. Y soñaba / el hermoso color del amor en el corazón latidero".

Carlos Bousoño fue -como sabe todo el que esté familiarizado con la cultura en español de la segunda mitad del pasado siglo XX- un gran poeta y un gran teórico de la literatura a nivel europeo. En palabras de René Wellek -padre de la literatura comparada y miembro de la Escuela de Frankfurt- Carlos Bousoño era el teórico de la literatura europea de mayor interés. La Universidad de Harvard le ofreció a Carlos la cátedra de Amado Alonso antes de que cumpliera los treinta años, pero prefirió seguir viviendo en el ámbito cultural que lo vio nacer. A fecha de hoy, Carlos Bousoño sigue siendo un teórico vanguardista, ya que hay tres teorías literarias suyas que siguen en la vanguardia de la teoría literaria europea, según Angelika Theile-Becker, poetisa austriaca y especialista en teoría literaria.

Los poetas, los profesores universitarios y de instituto de la segunda mitad del siglo XX le deben a Carlos casi todo lo que saben de poesía, como me escribió tras su muerte la extraordinaria y polifacética novelista mallorquina Carmen Riera: "Tú sabes más que nadie cuánto le debemos como poeta y como teórico".

Los que han armado ese circo esperpéntico alrededor de un hombre de la talla intelectual y moral de Carlos Bousoño parecen desconocer -o hacen como si no lo supieran- que la trayectoria heterosexual intensa e ininterrumpida de Carlos Bousoño es conocida por todos los que lo trataron. Y hay pruebas contundentes en su extraordinario archivo personal de ello: cartas y fotos muy explícitas, de muchísimas de las novias y amantes que tuvo a lo largo de toda su vida, desde los diez años.

Cuando empecé a salir con Carlos -siendo aún muy jovencita- él me llevaba al Café Oliver de Antonio Gades. Allí tuve la oportunidad de conocer a todos los intelectuales y artistas de izquierdas de Madrid, como Carlos Saura -y su entonces pareja, Geraldine Chaplin-, Paco Rabal, Adolfo Marsillach, Nuria Espert, Javier Marías y su maestro Juan Benet, Francisco Nieva, Juan García Hortelano, Alfonso Sastre, y Antonio Buero Vallejo y su mujer, y el novelista y periodista canario Juan Cruz, entre otros muchísimos. Conocí y traté con mucha cercanía, desde entonces, a casi todos los miembros de las tres últimas generaciones -entonces- de la poesía de la posguerra que eran compañeros y amigos de Carlos. Por mencionar algunos: José Hierro, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Ángel González, Eladio Cabañero, Félix Grande, Guillermo Carnero, Jenaro Talens, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Alejandro Duque Amusco, Fernando G. Delgado y Fanny Rubio; todos los cuales me pusieron al corriente de la popularidad de Carlos con las chicas jóvenes -que caían rendidas a sus pies-, y de su apabullante éxito amatorio, según contaban ellas. Clara Miranda, la mujer de Claudio Rodríguez, aún se acuerda de muchas de las novias que tuvo Carlos, y de cómo siempre se llevaba a Ibiza a la novia que tuviera en la primavera. Yo conocí a más de media docena de ellas, a una de las cuales la conoció en Bilbao al final de su adolescencia, y con la que mantuvo una larga relación. Coincidí con dos de las exnovias a las que les dedicó un poema: Susanita y la que le inspiró el poema "Mujer ajena", la cual, en efecto, tenía dueño. Y conservo aún amistad con Angelika Theile-Becker, quien tuvo una relación estable con Carlos en los años sesenta. A continuación de Angelika tuvo una novia alemana, que pasó un par de veranos con nosotros en nuestra casa de las Islas Baleares, junto a su marido e hijos. A la alemana la sustituyeron dos norteamericanas -aunque una después de la otra-, y ya en los años setenta tuvo una novia irlandesa de familia aristocrática. A ésta también la conocí porque Carlos la invitó a cenar conmigo al principio de nuestra relación. Y también coincidimos en Oliver meses después. Ella seguía enamorada de Carlos. Pero como le dijeran a Carlos su "Mujer ajena", Aurora de Albornoz y José Olivio Jiménez, yo estaba llamada a convertirme en la mujer definitiva en la vida de Carlos. Fui muy feliz con él: éramos un tándem perfecto.

Quiero terminar este necesario comunicado haciendo mención de algunas de las numerosas pifias que aparecen en la biografía de los supuestos besos de Vicente Aleixandre. Se trata de pifias muy gordas que dejan en evidencia al autor de un libro que se publicitó con las declaraciones pretenciosas del entonces poco conocido autor -ajeno por completo al género poético- que irrumpió en la prensa con una monumental arrogancia, hasta el punto de referirse a las dos biografías sobre Aleixandre que se publicaron a raíz de que recibiera el Premio Nobel, como "trabajos parciales, entre el panegírico y el oportunismo", y con la osada pretenciosidad de que había descubierto un sinfín de documentos inéditos que ya habían sido aportados por los verdaderos especialistas en Vicente Aleixandre, en los que se sustenta su biografía de los besos. Hasta tal punto se nutrió del trabajo de quienes lo precedieron -en algunos casos sin citarlos en sus aportaciones más importantes-, que algunas veces se equivoca donde ellos se equivocaron.

Es realmente sorprendente que el aquí referido biógrafo de los besos aleixandrinos no incluya en su página web -a fecha de hoy- su libro sobre Vicente Aleixandre entre los libros de su cosecha. Y que tampoco figure en su entrada en la Wikipedia ninguna referencia a dicho libro. ¿Qué razones tiene para no incluirlo en su bibliografía?

Ya se vieron en las declaraciones que hizo a la prensa el entonces flamante biógrafo de los besos aleixandrinos varias de las numerosas pifias presentes en su biografía, la cual contiene bastantes menos besos de los que promete. Son, por un lado, que reclama como suyo el descubrimiento de que el segundo nombre de Vicente Aleixandre era Pablo, y no Pío. Fue el profesor sevillano José María Barrera López quien hizo dicho descubrimiento, como quedó demostrado en su libro de 1998 "La luz en la distancia (Vicente Aleixandre y Sevilla)". Y, por otro, la segunda medalla que se coloca sobre su solapa -en esas primeras declaraciones- el biógrafo de los besos aleixandrinos, que ha sido él quien ha clarificado equívocos como el del supuesto "exilio interior" forzado del Premio Nobel de 1977. Y resulta que fue Alejandro Duque Amusco quien hiciera ese descubrimiento, como quedó claro en la ponencia de éste de 1998 en la Universidad de Salerno; trabajo que vería la luz en 1999, publicado por el catedrático murciano Francisco Javier Díez de Revenga, con el título "El imposible exilio de Vicente Aleixandre".

Una vez leída la biografía de los besos, se encuentra uno, como ya he dicho, con infinidad de errores que denotan muchas lagunas del biógrafo sobre el biografiado. Uno de dichos errores es hilarante. Dice lo siguiente en la página 443: "Su riguroso trabajo en la Real Academia Española apuntala su imagen y prestigio. Salvo que la salud se lo impida, el Nobel no falta a las sesiones de los jueves de la Academia, y desde luego no va para tomar el vino oloroso y las pastas del ágape previo a las reuniones". Pues bien, conviene señalarle al Sr. Biógrafo de los besos aleixandrinos que esta afirmación que hace en la antes citada página es ficción pura. La merienda la toman los académicos al terminar las sesiones de trabajo. Empieza a las 19.00 y termina a las 19.30, justo antes del pleno. Un biógrafo tan pretencioso debería saber que Vicente Aleixandre no hizo otra cosa en la RAE que asistir todos los jueves, y no los domingos, como figura demasiadas veces en "Cuadernos de Velintonia". La timidez que arrastraba el Premio Nobel sevillano desde su niñez -perfectamente reflejada en su magnífico poema "El más pequeño" de "Historia del corazón"- le impidió participar activamente en las sesiones y el pleno de la RAE. Y para una vez que se animó a intervenir, su querido amigo Dámaso Alonso le echó abajo su opinión con unos argumentos tan contundentes y con tanta soltura que lo dejaron lívido. El propio Vicente lo contaba. Sería conveniente que el Sr. Biógrafo de los besos aleixandrinos se informara antes de pontificar.

Antes de acabar este comunicado quiero señalar otras dos pifias importantísimas del autor que tantos besos aleixandrinos prometió como presunto anzuelo para vender su biografía. La primera está relacionada con un falso prólogo de Carlos Bousoño a la segunda edición de "Cuadernos de Velintonia" -libro que es un auténtico galimatías, como demostramos Carlos y yo en sede judicial-, y que cita en siete notas al pie de página el biógrafo que prometió mucho más de lo que aportó. Y la segunda es el silencio en la decepcionante biografía sobre los supuestos besos de Vicente Aleixandre de la hija que tuviera éste con una antigua novia suya -que estuvo muy enamorada de él-, de la cual hay muchas referencias en libros y artículos. No sólo Alejandro Duque Amusco ha hablado de ella, sino que José Luis Cano la mencionó en varias ocasiones en "Cuadernos de Velintonia". Pero es que, además, Vicente Aleixandre dejó por escrito que la única hija que tuvo su antigua novia era casi idéntica a él, como sabían muy bien Conchita Aleixandre Merlo y sus primos de la calle Españoleto. Recuerdo cuando Vicente le contó a Carlos los pormenores de la visita que le hizo su nieta más joven después de que recibiera el Premio Nobel. Fue un encuentro muy emotivo para los dos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine