17 de septiembre de 2016
17.09.2016

Preservar el parque de Isabel la Católica

17.09.2016 | 04:53
Preservar el parque de Isabel la Católica

El Ayuntamiento de Gijón proyecta dotar al parque de Isabel la Católica de un plan de uso y gestión que, entre otras cuestiones, regule qué actos lúdicos y festivos y cuántos se pueden celebrar en uno de los pulmones verdes de Gijón, recinto de destacado valor ecológico por tratarse de uno de los mejores enclaves del centro de la región para el avistamiento de aves migratorias, además de contar con un censo permanente de doscientos ejemplares de 54 distintas especies que conviven habitualmente en este céntrico espacio natural.

La decisión de redactar ese plan se tomó después de la polémica generada por la celebración en el parque de un evento de fin de semana con casetas hosteleras, conciertos y actividades de ocio que durante dos días congregaron en el lugar a varios miles de personas. El movimiento ecologista dio la voz de alarma por boca de uno de sus grandes referentes en la región, Benigno Varillas, quien destacó en las páginas de este periódico el valor "ornitológico pero también pedagógico" del Isabel la Católica para el estudio de la avifauna. Si Alfredo Noval, histórico naturalista autodidacta y gran conocedor de este entorno, aún viviera también habría puesto el grito en el cielo.

Proyectado en 1941, el parque de Isabel la Católica cuenta con una extensión de más de 151.000 metros cuadrados. El recinto se asienta sobre la desecación de las pantanosas aguas de una zona conocida en Gijón como Llamarga del Molinón. Sobre las viejas marismas se vertieron durante años toneladas de materiales de construcción, aunque se decidió mantener las dos lagunas que permanecen en la actualidad y que se han convertido en lugar de invernada de aves acuáticas migratorias.

Es razonable que el Ayuntamiento se plantee regular los usos de un espacio natural que desde enero forma parte del inventario de patrimonio cultural de la región con la categoría de "jardín histórico". El parque debe ser preservado, aunque no necesariamente hasta el extremo de verse convertido en una burbuja de protección exagerada. Ese plan que se va a redactar debe establecer qué usos van a ser permitidos y en qué zonas del parque, unas más sensibles que otras a la actividad humana, para conservar sus innegables valores ecológicos. No es preciso llegar a la prohibición de toda actividad lúdica y recreativa en el parque, pero sí autorizar aquellas que sean compatibles con su conservación y el mantenimiento del hábitat de la avifauna que en él anida y que sirve también de parada de descanso en distintas épocas del año a cientos de aves migratorias.

Es obligación de los responsables políticos municipales preservar este espacio natural, pero también ponerlo en valor ante los ciudadanos para que disfruten de tan destacada riqueza ecológica. En los años 70, la abundancia de aves migratorias en los estanques de Isabel la Católica llevó a solicitar que este recinto urbano fuera incluido en la lista Ramsar de humedales de importancia internacional. Ese objetivo no se alcanzó, pero tal vez convendría volver a intentar la consecución de ese reconocimiento de calidad natural.

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