Clave de sol

El puritanismo que nos invade

21.09.2016 | 04:51
El puritanismo que nos invade
El puritanismo que nos invade

La doctrina nos enseña y los hechos confirman que el ser humano es por naturaleza transgresor. Por eso, una de las claves del cristianismo es su refinada panoplia de instrumentos para la inevitable lucha con uno mismo. En nuestros días, sin embargo, no es igual la consideración de los comportamientos en el ámbito confesional que en el político, donde la simple observación patentiza el auge de costumbres rompedoras con las rigideces morales del pasado.

A la hora de echar mano de un sistema que nos permitiera identificar esos modos de comportamiento y, en su caso, valorar su grado de maldad, incluso su frecuencia e intensidad, no en otro lugar tendríamos que buscar más que en la aludida doctrina. Apunto, con leve temor de errar, la provisional consideración de que la quintaesencia sistematizada de ese catálogo estaría en los llamados pecados capitales.

Recordémoslos: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Ya se sabe que contra estos siete vicios hay siete virtudes, que no es del caso su mención para la tesis de estas reflexiones. Hablando en general, habrá que admitir el creciente prestigio de este breve catálogo de actitudes que un autor llamó con acierto "las siete columnas". De la sociedad, se entiende.

No obstante esa sociedad evoluciona, y la libre competencia de las actividades partidistas entre nosotros ha hecho aflorar gigantescos latrocinios en tal grado de intensidad que se han convertido en armas arrojadizas entre los adversarios políticos. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el pecado de avaricia ha perdido su vitola de cara a la galería. ¿Es que nos invade una ola de puritanismo?

Si así fuera, sería de modo provisional y con reservas. Por otro lado, no es lo mismo una Rita que un Griñán, ni un imputado frente a un condenado. Dicho sea de paso, lo que el PP ha hecho con Rita Barberá, uno de los grandes pilares del partido, al despedirla ipso facto y de malos modos, me parece un precipitado exceso cuando aún se trata de una simple imputación y de escasa cuantía.

Se trata de un puritanismo general y artificioso de la clase política ante una vidriosa realidad en la que los dos grandes partidos están buenos para callar. Llevados de esa fiebre, echan mano de cuanto de arrojadizo tienen a mano para desprestigiar al adversario. Y tampoco conviene exagerar cuando tantos tiran la piedra y esconden la mano. Es verdad que muchos de nosotros habremos tenido cierta manga ancha en el trabajo asumiendo, no gran cosa, pero sí lo que pudiéramos llamar derechos de papelería.

De mí sé decir que viviendo en Valladolid recibía todos los años por Navidad una caja de bombones maravillosos de la Renault, que nos comíamos en casa sin ningún repulgo de conciencia. En San Sebastián, alguna vez nos invitaba Juan Mari Arzak para dar a conocer sus novedades. Y en Madrid, el rector de la Politécnica enviaba un par de botellas de champán francés.

Lo confieso ahora como descargo de conciencia y porque el delito ya ha prescrito. Bueno, supongo.

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