La repoblación de Ponga, un fracaso anunciado

Los lugareños aseguran que el proyecto municipal para atraer a nuevos vecinos fue desde el principio una batalla perdida por la ausencia de horizontes laborales e infraestructuras

 
Jóvenes a caballo, en San Juan de Beleño.
Jóvenes a caballo, en San Juan de Beleño. juan lópez de arenosa

San Juan de Beleño (Ponga), Bárbara MORÁN


El fracaso del plan impulsado por el Ayuntamiento de Ponga para repoblar el concejo no ha cogido por sorpresa a los ponguetos. A pesar de que todos valoran positivamente la iniciativa, pues ha supuesto una excelente promoción del concejo, incluso en el extranjero, los vecinos consideran que la tradición rural, la inexistencia de oportunidades laborales y la localización del concejo, en una zona muy alejada de las principales infraestructuras, son algunos de los principales motivos por los que no se ha conseguido el asentamiento de nuevos vecinos.


Jorge González, uno de los dos socios que está al frente del hotel La Casona de Mestas considera que la idea, buena en teoría, «no cuajó porque era una utopía. Aquí no hay trabajo, quizás el proyecto pudiera ser interesante para alguien con poder adquisitivo que pudiera abrir un negocio, pero aquí no es fácil ganarse la vida sin tener una empresa porque no hay oportunidades laborales», comentó.


Su socia, Nieves Uzal, mantiene una opinión similar: «Estaba claro que el proyecto no iba a lograr los resultados esperados, Ponga es un concejo precioso pero con un mercado laboral muy limitado. Los solicitantes se dejaron llevar por el reclamo económico, e incluso llegaron a interpretar que además de las ayudas por casarse aquí y tener hijos, tendrían trabajo y casa».


Para algunos ponguetos la iniciativa sólo fue «propaganda política. Nadie va a venir porque es muy duro vivir sin las comodidades que ofrece la gran ciudad», argumentó Victoriano Testón.


Para Guillermo Rivera, vecino de Sellaño, las cosas irían mejor «si los políticos se ocupasen de los lugareños, de que no tengan que irse los jóvenes para desarrollar su vida. Entonces no sería necesario traer a gente de fuera», comentó.


Antonio Calleja, jubilado de Sellaño, comparte la misma opinión que su vecino. «Han vendido lo que no existe. No hay trabajo, y tampoco se hace nada por mejorar la vida de los ponguetos, así que es normal que nadie quiera venir», indicó.


Nolasco Yarzábal, vecino de San Juan de Beleño y ganadero retirado lanzó una pregunta: «¿A qué se van a dedicar los que vengan, al ganado, que está sumido en una preocupante crisis? El fracaso es normal. Todo el que quiso dedicarse a otra cosa que no fuese ganado o campo, tuvo que irse. Y los no quieren esa vida, no vienen», relató.

Lucía Alonso, es propietaria de Casa Chico, en San Juan de Beleño. Para ella el fracaso del proyecto de captación de nuevos vecinos fue siempre una batalla perdida. «No es tan fácil encontrar trabajo o montar algo. Para hacerlo se necesita dinero y aquí la mayoría de las casas están muy deterioradas. Si a nosotros nos cuesta abrirnos camino, a los que vengan de afuera, más», aseguró.

Para Genaro Traviesa, profesional de la construcción, lo fundamental es «evitar que se vaya más gente. Los recursos son limitados pero hay que hacer algo para que Ponga no siga despoblándose», indicó.


Leonides Martínez es pongueta de cuna pero reside en Avilés. Para ella la repoblación del concejo era un fracaso anunciado. «Aquí no hay trabajo y sin trabajo no se puede comer», señaló.


También achaca el fracaso de la iniciativa municipal a la falta de oportunidades laborales Blanca Pilar Gutiérrez. «Aquí no hay vida. Me fui a trabajar a Oviedo cuando era muy joven y allí me quedé para siempre», relató.

Adriano Sánchez, natural de Sobrefoz, lleva 34 años trabajando como cartero. Afirma que cada vez hay menos cartas y menos casas que visitar. Justifica que nadie haya decidido asentarse en el concejo por la escasez de trabajo. «Los de aquí se van. El éxodo rural ha hecho mella en el concejo y no han logrado que vengan nuevos vecinos porque sin trabajo seguro es muy complicado».

Luis Muñiz se dedica a la cantería y tiene ganado. «Ponga no puede captar a nuevas familias mientras no haya vida que ofrecer, trabajo y buenas carreteras», concluyó.

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