Carreña (Cabrales),
Rebeca AJA
Asturias tiró de la factoría cinematográfica de Estados Unidos para ponerle nombre a una de las cuatro rutas turístico-gastronómicas de la región basada en el queso de Cabrales, a la que puso por título «Desayuno con cabrales». Un guiño a la película dirigida en 1961 por Blake Edwards y traducida al castellano como «Desayuno con diamantes». Ahora, en Estados Unidos han desayunado con una doble página sobre el queso de Cabrales. Al menos, en una de las grandes urbes mundiales y la más poblada del país norteamericano, la ciudad de Nueva York, donde su emblemático periódico, «The New York Times», dedicó el domingo, en su sección de viajes, una doble página al queso más afamado de Asturias. Coletilla, esta última, con más acierto estos días de publicidad internacional.
Una llamada desde la Oficina de Turismo de Nueva York el último domingo del mes de agosto tiene la culpa. La fecha también tiene miga, porque ese día coincide con la celebración de uno de los certámenes queseros más antiguos de Asturias, el del queso de Cabrales. «Yo creía que era una broma y lo cierto es que no presté demasiada atención, estaba volviendo a Asiegu desde Arenas, después del certamen», relata la protagonista del reportaje, la quesera Raquel Viejo. La llamada fructificaría más tarde con una entrevista y una sesión de fotos en la quesería que lleva el nombre de su marido, José Antonio Bueno García, en Asiegu, para «The New York Times».
«La chica de la Oficina de Turismo que, por cierto, hablaba bastante bien castellano, me contó que un hermano suyo había estado un verano en Cabrales y en la quesería. Pero ¡por aquí pasa tanta gente!, que ni me acordaba», continua Raquel Viejo. Llegó septiembre y se realizó la entrevista.
«Tuvo que venir un intérprete porque la reportera (Danielle Pergament) sólo hablaba inglés. Luego, hace poco tiempo, vino un chaval (Matías Costa) a hacer las fotos pero, sinceramente, yo no creía que al final fuera a salir algo en el periódico», cuenta Viejo. Pero salió. Y el domingo, en Nueva York y todo Estados Unidos, se desayunaron con la crónica «Mordisqueando el país del queso en España». Un reportaje que arranca y se desarrolla mayoritariamente en el concejo de Cabrales, territorio que da nombre a este queso azul artesanal. Lo cierto es que el viaje termina en el País Vasco, mentando otro queso con nombre y renombre, el de Idiazábal y ofreciendo, así, al lector una ruta turística y gastronómica por el norte de España -«la tierra del queso», que llaman-, tomando como referencia dos quesos emblemáticos. «El uno es al País Vasco lo que el otro, el de Cabrales, es a Asturias», se puede leer en el reportaje. Pero volviendo al cacho de territorio que atañe a Asturias, en Asiegu, este «desayuno con cabrales» en Manhattan es una excelente noticia. «Es promoción para el queso de Cabrales», asegura Viejo.
Del cabrales se ha dicho y escrito mucho en Asturias. También en España e incluso en Europa, donde su aroma, su sabor y su textura ha relegado a segundos y terceros puestos a prestigiosos quesos de pasta azul en los más selectos concursos gastronómicos internacionales.
En Estados Unidos, lo más reciente se lee ahora en el periódico nacional, que se hace eco de la falta de relevo generacional que avale la continuidad de la tradición quesera en Cabrales. Una tradición milenaria donde «cada queso es una idiosincrasia para la persona que lo elabora», dice la reportera.
También se habla de la entrada en vigor de la Denominación de Origen Protegida que marcó un antes y un después en los procesos de elaboración. El reportaje topa con singularidades, citando el caso de una elaboradora, Oliva Peláez Amieva, quien expone su decisión de seguir elaborando el Cabrales a la vieja usanza, como lo ha hecho durante casi 60 años, sin ceñirse a la normativa reguladora y, por tanto, sin comercializar su producción que reparte entre amigos y familiares.
Aunque puede resultar «más tosco» que el refinado queso francés o no tan «reconocido» como el queso italiano, hay que viajar a Cabrales para probarlo, recoge en sus páginas el diario. O no. Porque esta joya azul asturiana ya ha conquistado algunos manteles estadounidenses. Por ejemplo, de la mano del cocinero asturiano, José Andrés, afincado en Washington donde posee varios restaurantes. O de la creciente moda de los «wine bar» (bares de vinos) en Nueva York que ha colado el queso de Cabrales en sus menús.