(Celoriu) Llanes,
Ignacio PULIDO
La pequeña franja de litoral cantábrico que abarca Celoriu contrasta con el gran número de playas existentes en su parroquia. De oeste a este, La Tayada, Borizu, Palombina, Las Cámaras, San Martín y Portiellu ofrecen una salida al mar que se convierte cada estío en la atracción de los turistas. A pesar de su belleza, este tramo se caracteriza por la fuerte presión demográfica de la que es objeto y que se manifiesta a través de la proliferación de edificios en primera línea de costa. No obstante, enclaves como Palombina y Las Cámaras, playas siamesas, han gozado de Bandera Azul durante años y cuentan con la Q de Calidad este verano.
La punta Palombina actúa como límite o nexo de unión -según se mire- entre la playa homónima y la de Las Cámaras. Durante la bajamar ambas constituyen un solo arenal cuya longitud ronda los cuatrocientos metros y una anchura media de otros treinta. Toda su superficie está cubierta por una fina arena de color blanco y tan sólo aparecen roquedales en algunos rincones.
Al este de Las Cámaras, aparece otra pequeña cala, también unida a las otras dos en marea baja, la de Los Curas, frente a la que se alza el monasterio benedictino de San Salvador. De acuerdo con una inscripción antiguamente presente en su claustro, este cenobio fue fundado en el siglo XI por Alfonso Suárez y su esposa Cristilde, dos importantes nobles asturianos. A su sombra nació la parroquia de Celoriu, la cual es atravesada por el Camino de Santiago de la costa. El paso de los siglos hizo mella en el inmueble, ampliado en el siglo XVII y desamortizado en el XIX. Su torre y su portada conservan los únicos restos románicos de su fábrica.
Dominados por los recios muros de la iglesia, que hiende sus cimientos en el mismo borde la playa, varios turistas apuran las horas de sol paseando por el arenal que antaño fue lugar de paseo para los frailes. Sonia Calzón y Restituto Álvarez son un matrimonio ovetense que todos los veranos opta por Palombina y Las Cámaras como lugar donde relajarse. Acompañados por sus hijas Andrea y Lidia toman el sol antes de regresar a la capital. «Nos encanta la costa de Celoriu. Siempre hemos venido aquí», señalan subrayando la comodidad de acceso y la mejora de las comunicaciones. «Antes viajar hacia el Oriente requería mucho tiempo, ahora con la nueva autovía es un paseo. Además, el aparcamiento para automóviles está muy cerca y se puede acceder con la silla de los niños fácilmente hasta la arena», comentan.
A Palombina se llega a través de un pequeño sendero de piedra que serpentea sobre la arena. Esta playa esta protegida al oeste por la Punta del Picu, accidente geográfico en el que se sitúa un pequeño muelle convertido en base de operaciones del Club Marítimo de Celoriu. Quizá en Palombina sea más palpable la masificación de la costa, puesto que son varias las construcciones edificadas en el mismo límite del arenal, considerado uno de los más seguros del concejo. Sin ir más lejos, sus apacibles aguas suelen ser escenario de numerosas competiciones y actividades náuticas.
La Bandera Azul ondeo en Palombina hasta el año pasado. Este año, a pesar de no contar con el prestigioso galardón que otorga todos los veranos la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC), la playa cuenta con la Q de calidad, concedida gracias a sus servicios, entre los que se cuentan puesto de primeros auxilios, teléfono público, baños, duchas, una zona autorizada para bañistas, un acceso para minusválidos, parking, equipo de socorristas y un punto de reciclado selectivo, sin contar las numerosas hostelerías que circundan su entorno.