Bulnes (Cabrales),
Alba SÁNCHEZ R.
«¡Viva la Virgen de las Nieves!», gritaron al unísono decenas de personas tras la misa campestre celebrada en la mañana de ayer en la plaza de la iglesia de la localidad cabraliega de Bulnes. La misa fue oficiada por el obispo auxiliar, Raúl Berzosa. Como cada 5 de agosto, Bulnes se llenó de visitantes, muchos de ellos bulneses o descendientes de bulneses que residen lejos del «pueblín». De punta en blanco, todos acudían para honrar a Nuestra Señora de las Nieves.
Desde primeras horas, los bulneses subieron comida, flores y sidra en el funicular por el que se accede al pueblo, para que todo estuviera listo cuando finalizara la puya'l ramu, tras la misa. Unos comentaban las viandas que habían traído y otros que la sidra ya estaba «en fríu»; esto es, en el río que atraviesa la localidad. Los más jóvenes, tras la corta caminata desde el funicular, se atrevían a meter los pies en las aguas cristalinas del río en el entorno de la «plaza mayor» del pueblo, como la nombró en la homilía el párroco local, Pedro Fernández.
Ayer eran los más jóvenes los que se metían en el río para refrescarse, pero no hace muchos años, tan sólo ocho, hacían lo propio los numerosos visitantes y lugareños que se veían obligados a recorrer a pie los varios kilómetros que separaban la localidad del resto del mundo por la complicada, pendiente y angosta Canal del Texu, único nexo de comunicación hasta que llegó el funicular.
Los integrantes del grupo de gaitas «Principado» recordaban cuando tenían que subir a pie hasta la fiesta. «Aquí todavía no llegan las orquestas y tocamos de todo con gaita y tambor para animar la fiesta», añadían. Con el tren de cable, muchos ancianos del lugar que ya no viven en el pueblo pueden volver a rendir culto a su patrona.
Bulnes, con tan sólo 25 habitantes, consigue atraer cada año a cientos de descendientes orgullosos de su origen, a los pies del Urriellu, como Salud Mier, que, aunque ya no vive en el pueblo, no deja de subir con toda la familia a traer las ofrendas a la Virgen. También Alejandro Mier llegó, como cada año, con su familia desde Bélgica, lugar al que emigraron muchos bulneses. También fueron muchos los turistas sorprendidos por la fiesta. Todos se unieron en torno a las Nieves.