RAMÓN DÍAZ
Hace ya muchos años, un cliente agradecido le regaló al director de una entidad bancaria un gallo. El animal, hermoso, a falta de un lugar mejor, acabó aquella noche en el lavadero del piso del empleado de banca. Todo fue perfecto hasta que, a las tres de la madrugada, al galliforme le dio por ponerse a cantar sin tino. Despertó a toda la parroquia. Un regalo no es malo en sí mismo. Podrán ser malos, si acaso, sus efectos. Si a un político le regalan, pongamos por caso, unos trajes (no miro para nadie) y los acepta, es un torpe. Corrupto será si como consecuencia de ese obsequio favorece ilegalmente al que le entregó el presente. El Gobierno del Principado regaló en Navidad a varios periodistas un lápiz de memoria de 4GB. ¿Debieron rechazarlo? ¿Se habrán vendido? ¿Los denunciará el PP? La corrupción no tiene nada que ver con la ideología, sino con la actitud personal. El PP habló hace unos años de corrupción generalizada en el PSOE. Ahora es el PSOE el que señala al PP. A ver si acaban los dos como aquel gallo, en pepitoria.