RAMÓN DÍAZ
Esta bendita tierra está llegando al límite. No da más de sí. El pasado domingo hubo atascos monumentales en la Autovía del Cantábrico y en la carretera Llanes-Ribadesella. Entrar en la mayoría de las villas de la comarca al mediodía es un imposible. Aparcar, una quimera. Cuando la marea sube no se ve la arena, y las aceras están colapsadas. Los negocios, este mes, no darían abasto con veinte empleados, mientras que el resto del año sobran hasta los dueños. Y aún quieren construir diez mil viviendas más, lo que significa diez mil coches, veinticinco mil personas más. Más gasto de agua, más basuras y más presión para los saneamientos -donde los haya-. Y los políticos como si nada. Pues deberían estar rompiéndose la cabeza para impulsar políticas que hagan que acudan turistas en noviembre y en diciembre y en enero y en febrero... Porque las políticas turísticas que se están aplicando en esta comarca son nefastas y provocarán cada vez más colapsos en agosto y más aburrimiento el resto del año.