Los Lagos (Cangas de Onís),
A. SÁNCHEZ R / R. DÍAZ.
Crisis, mucha; gente, más. Es el resumen telegráfico de lo que viven estos días Covadonga y los Lagos. Ambos enclaves, lo mismo que el resto del parque nacional de los Picos de Europa, están «de reventón», con miles de visitantes cada día. Cuarenta autobuses realizan el recorrido entre Cangas de Onís y el área de servicio de Buferrera, en los Lagos. Arrancan en función de las necesidades: hasta media docena se juntaron ayer en el Buferrera. Triunfa el bocadillo y las tiendas de recuerdos están de «bajón». El Plan de transporte a los Lagos funciona razonablemente bien, aunque los turistas se quejan de los precios. La crisis aprieta de lo lindo.
Lo mejor está por llegar. Si ayer se contaron por miles los visitantes en Covadonga y los Lagos, el próximo fin de semana -el más «fuerte» del verano- amenaza con batir records. Sólo el tiempo podría quebrar las expectativas, señaló José Ramón Coviella, representante de la empresa de transporte ALSA, adjudicataria de las «lanzaderas turísticas» a los Lagos.
Ayer, los aparcamientos de El Repelao y Llerices, habilitados por el Gobierno del Principado para el Plan a los Lagos, colgaron el cartel de «completo» a media mañana. Los otros dos parkings, los de El Bosque y El Lleráu, en Cangas. presentaban también una buena ocupación. Aparcar cuesta dos euros, pero sirve para toda la jornada. El autobús a los Lagos cuesta 7 euros a los adultos y 3 a los niños de 3 a 12 años. También hay taxis a precios similares. Hay una alternativa: madrugar y subir a los Lagos en coche antes de las ocho y media de la mañana. Lo hacen pocos: los aparcamientos de Buferrera y La Tiese estaban ayer casi vacíos.
A las ocho y media en punto se cierra la carretera de los Lagos a los vehículos particulares. Hasta las ocho de la tarde.
Coviella señaló que el Plan de transporte a los Lagos «totalmente consolidado», aunque matizó que el Ayuntamiento de Cangas de Onís expide «demasiadas credenciales» a vehículos particulares para que suban a los Lagos, lo que entorpece el avance de los autobuses, sobre todo en horas punta.
Los doce kilómetros que separan Covadonga de los Lagos eran ayer un continuo ir y venir de autobuses, adornados por un sinfín de cabezas de ganado y una legión de turistas tomándoles fotografías.
En el bar María Rosa, junto al lago La Ercina se da de comer al hambriento y de beber al sediento. Mucho bocadillo, según la responsable del establecimiento, Angelita Fanjul. Los visitantes siguen acudiendo al Parque en igual número que en años anteriores, pero este año se nota que la crisis hace mella en los bolsillos y ya nadie pide comidas a la carta, señaló Fanjul.
María Paz Labra Fernández, del bar El Casín, junto al Enol, teme más al mal tiempo que a la crisis. Si la climatología es mala el negocio acaba en «desastre total». Ahí sí se nota la crisis: antes, aunque hubiera mal tiempo, muchos turistas subían a los Lagos un par de horas, aunque sólo fuera para comer.
Los que sí notan la severidad de la crisis son los responsables de los puestos permanentes de recuerdos de Covadonga, como Rafael Álvarez, para quien los visitantes de este año se «caracterizan» por «lo poco que quieren gastar. Les da igual que el motivo del recuerdo sea religioso o no, lo que importa es qué pueden llevar por poco dinero», señaló. Eso sí, el santuario se acercan cada día cientos de personas, tal vez más que el año pasado, incluso. Pero con menos ganas de gastar.