LUIS CARRERA BUERGO
Lledías y La Vega, y también la vieja Posada, han perdido a uno de sus más singulares vecinos. Un fatal accidente y «Pepín el Nuestru» ya no es nuestro, sino de Dios. Pepín -todos lo saben- era un hombre polifacético y socarrón, un «self-made man», como dirían los anglos. La lista de sus oficios y quehaceres es interminable. Fue -que yo sepa- pastor y panadero, juglar en tiempos mozos, actor ocasional y productor insustituible, albañil, hortelano -sabrosas patatas y tiernas «verdinas»- y hombre de confianza. Crió con éxito pollos y malvises. Plantó árboles, desbrozó malezas y arregló jardines. José Luis Obeso Nieda, «Pepín el Nuestru», se nos ha muerto de repente. Era un buen hombre. No lo digo por cumplir, sino porque le traté. Y antes lo hizo mi padre, que en paz descanse. Los malvises de «El Horrín» lloran entre las encinas. Nosotros también.