RAMÓN DÍAZ
En verdad hay asuntos difíciles de entender. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que en la zona canguesa del parque nacional de los Picos de Europa haya un puñado de lobos y seis mil cabezas de ganado y que sobren lobos? Éste es un país de pandereta, en el que se gobierna a bocanadas, en función de la presión ciudadana, de la alarma social y de las ocurrencias del «experto» de turno, del «listu». En los Picos de Europa no se ha hecho jamás un estudio serio sobre la carga ganadera, se admite como «ganaderos» a gentes que no lo son y cuela todo a la hora de dar permisos para subir ganado al espacio protegido. Lo que sea con tal de evitar líos. Y luego, cuando hay sobrecarga ganadera y el parque está a reventar, de vacas y de turistas, resulta que el único que sobra es el lobo. Para este viaje no hacen falta alforjas. Que deroguen el parque nacional de una vez, que no hace falta, que todo es mentira. Alguien debería calcular qué le cuesta más dinero al contribuyente, si una vaca o un lobo. Seguro que habría sorpresas.