(Vega) Ribadesella,
Ignacio PULIDO
Los casi mil quinientos metros de longitud de la playa de Vega convierten a este arenal en el de mayor tamaño del concejo de Ribadesella. Declarado Monumento Natural y Punto de Interés Geológico, este rincón destaca por la importancia de su sistema dunar, la presencia de formaciones vegetales poco usuales, un estuario fósil y ricos yacimientos paleontológicos que ensalzan a Vega como uno de los espacios naturales asturianos de mayor importancia.
La playa de Vega se extiende a lo largo de mil cuatrocientos cuarenta metros. La mayor parte de su superficie está cubierta por arena, excepto en la zona este donde existen numerosas afloramientos rocosos y en el área más interior del arenal donde aparecen gravas y cantos.
El acceso a Vega se efectúa a través de las hoces de Entrepeñes, un estrecho desfiladero horadado por el arroyo del Acebu, pequeño curso fluvial que desemboca sobre las arenas de la playa. Las caprichosas formas que ha adoptado la roca cuarcítica en este accidente geológico, profuso en agujas, está precedido por la Mina Ana de Barréu, una explotación donde se extrae fluorita, un preciado mineral empleado para fabricar ácido fluorhídrico. La existencia de espato flúor en las proximidades del arenal propició una importante actividad minera durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, época en la que tras ser extraída la fluorita era transportada en camiones hasta Ribadesella, donde se embarcaba con destino a Bélgica y Alemania.
La playa de Vega está precedida por una ancha llanura aluvial que durante el jurásico formaba parte de un inmenso estuario que alcanzaba el territorio hoy ocupado por Castilla. Por aquel entonces, la jungla cubría todo este terreno y los dinosaurios campaban a sus anchas por una superficie fangosa en la que dejaron sus huellas. Prueba de ello son las numerosas icnitas que aparecen a medida que se va desprendiendo el acantilado de la zona este del arenal riosellano. Asimismo, cabe destacar que Vega goza de una gran riqueza vegetal gracias a la existencia de una aliseda pantanosa -formación boscosa muy poco frecuente en Asturias- y de una gran variedad de especies florales protegidas en sus dunas.
Aspectos naturales aparte, numerosos bañistas acuden a Vega en busca de tranquilidad. La gran extensión del arenal hace que las aglomeraciones sobre su arena sean prácticamente imposibles. Ramón Mairata es un turista madrileño que todos los veranos se deja caer al menos una semana por tierras riosellanas. Mientras hace volar una cometa junto a su hijo Carlos Ramón, elogia el buen estado de conservación de la playa. «Todo está muy bien cuidado. Es muy tranquila pero echo en falta al ambiente surfero que se respiraba hace unos años. Desde de que no se pueden aparcar las caravanas en sus cercanías apenas hay surfistas en sus aguas», lamenta, y añade que «los niños se pueden entretener pescando pequeños cangrejos y quisquillas en los roquedales».
A pesar de su aspecto agreste y casi salvaje, el arenal de Vega, en el pueblo del mismo nombre, cuenta con varios bares a escasos metros de la línea de costa. Del mismo modo la playa está dotada con servicios, duchas, equipo de limpieza, vigilancia todos los días de la semana, puesto de socorro, un amplío aparcamiento y punto de acceso para minusválidos.