Llanes, Emilio G. CEA
Llanes tiene un aroma y un ambiente especial cada 7 de septiembre. El olor de los nardos en la solapa de los orgullosos miembros del bando de la Guía se intercala con la devoción y el más absoluto de los silencios. Un silencio que hace que Llanes en penumbra demuestre de esta forma el máximo de los respetos durante el trayecto que cada 7 de septiembre, víspera del día grande de las fiestas de la Guía, hace en procesión la bellísima imagen de la Virgen, arropada por centenares de mantillas y miles de fieles. Los entendidos dicen que se trata de la procesión nocturna más importante del norte de España. Posiblemente no se equivoquen.
El ambiente festivo comenzó a las doce del mediodía, con la tradicional salva de vísperas. Entrada la tarde, la Banda de Música de Laviana calentó los motores entre los miembros del bando con un pasacalles a ritmo del pasodoble típico de la fiesta: «Los nardos».
Minutos antes de que finalizase la novena y comenzase la procesión, Llanes era un hervidero, con miles y miles de personas llegadas de toda Asturias y de otras zonas de la geografía española en busca del mejor sitio, a pie de calle, para disfrutar de la espectacular procesión nocturna. La Virgen, durante la primera parte del trayecto, desde la capilla hasta desembocar en la avenida de la Guía, fue acompañada por la «Schola Cantorum», cuyos miembros entonaban a modo de acompañamiento el «Dios te salve María». Delante, centenares de mujeres ataviadas con la tradicional mantilla española. Abriendo la procesión, grandes y pequeños del bando portaban los faroles y los misterios impecablemente vestidos de traje y corbata.
Al llegar la Virgen al final de la avenida que lleva su nombre fue recibida por la Banda de Música de Laviana con las notas del himno de España; mientras, desde los balcones cercanos la impoluta y resplandeciente imagen era «bañada» con pétalos de rosa. La Virgen de la Guía, entre la emoción y las lágrimas de muchos de los devotos, se disponía a recorrer arropada por miles de personas la principal artería de Llanes. Detrás de ella, la banda de música lavianesa interpretaba una acompasada marcha que marcaba los pasos a seguir por los esforzados hombres portadores de las andas.
Entre el más sobrecogedor de los silencios la imagen llegó al puente. Allí, en el simbólico gesto más emocionante de la noche, la Virgen fijó sus ojos en el mar mientras la sirena de la rula sonaba, para invocar a los hijos de Llanes que sin estar presentes eran recordados en ese momento por las miles de personas allí reunidas. Acto seguido, el párroco local, Florentino Hoyos, ofreció por megafonía unas palabras, preludio de la tradicional, espectacular y centenaria traca de fuegos artificiales en honor de la Virgen.
Finalizado el espectáculo pirotécnico, la imagen prosiguió su camino en dirección hasta la basílica de Santa María del Conceyu. Una vez allí y mientras las mantillas depositaban a los pies de la Virgen las velas portadas por éstas durante la procesión en señal de ofrenda, se celebró una misa en la que los componentes de la «Schola Cantorum» cantaron para deleite de los presentes, que abarrotaban la basílica, los preciosos cantos de la novena de la Guía. La eucaristía finalizó, como cada día de la novena, con la salve cantada, en la que el coro canta y los fieles presentes responden.
Hoy, la Guía volverá a copar las calles de Llanes en su día grande. La fiesta comenzará a las diez de la mañana, con un desfile folclórico que dará la bienvenida en la estación de tren a la XXXIV Edición del clásico tren de madera, procedente de Mieres. A la misa solemne, que tendrá lugar en la basílica a las once y media, seguirá la procesión por las calles de Llanes de la Virgen hasta su capilla. En el Campu de la Guía, tras la danza de arcos, la reverencia y el ofrecimiento del ramu, se celebrará un festival folclórico. Por la tarde, más pasacalles, y al anochecer, la danza prima y una verbena.