Nueva (Llanes),
Alba SÁNCHEZ R.
«¡Viva La Blanca!». Con ese grito despedían al unísono a la Virgen, un año más, más de 150 aldeanas, los porruanos y el resto de simpatizantes del bando, tras la procesión realizada en la mañana de ayer por las calles de Nueva, en el concejo de Llanes. La Blanca volvía así un año más a su capilla, tras dos días de vibrantes celebraciones, pues según contaban los vecinos, «cada año se superan aún más las previsiones sobre el número de personas que acude a honrar a la Virgen».
En la noche del pasado lunes, la Virgen de la capital del valle de San Jorge fue acompañada en procesión por más de medio centenar de mujeres, ataviadas con mantilla española, durante una hora, por las calles de Nueva, desde su capilla hasta la iglesia parroquial de San Jorge. Desde este mismo punto partió ayer la procesión quee devolvió la imagen de Nuestra Señora a su capilla. La tradición de la mantilla tendrá unos cincuenta años, comentaban ataviadas con ese atuendo Palmira Alonso y Jovita Alonso. Vuelven a ponerse la mantilla en el día grande de las fiestas, ya que «hay que dejar paso a las más jóvenes que se quieren vestir de aldeanas y este traje es más serio», comentaban.
Desde primeras horas de la mañana todo era en Nueva un ir y venir de gente. Olía a fiesta mayor. Algunas mujeres buscaban ayuda para el repicado del pañuelo de aldeana. Todo un arte. A las doce del mediodía, la banda de San Martín del Rey Aurelio, dirigida por Feliz Ordiz Montañés, recorría las calles de Nueva para calentar el ambiente y recoger a las aldeanas más jóvenes, que se les sumaban a la comitiva dando vivas a la Virgen.
A la una de la tarde todo estaba listo para que comenzara la misa, con los dos ramos dentro de la iglesia, con todas las aldeanas junto al altar para oír la misa cantada por el coro «Manín», de Lastres.
En olos aledaños del templo, decenas de personas aguardaban el inicio de la celebración; entre ellos, muchos niños, destacaba Anuska Gutiérrez Buergo, ya toda una institución en la procesión, en la que marca el ritmo con su tambor. Este año Anuska Gutiérrez enseñó a cinco niñas interesadas en seguir con la tradición del tambor, algo que no había ocurrido nunca hasta ahora. Uno de los más jóvenes de la fiesta era Hugo Galán Prúas, que con tan sólo dos meses y medio ya se había vestido de porruanu hace unos días para otra fiesta de la zona.