Nueva (Llanes), Emilio G. CEA
La localidad de Nueva, en Llanes, se volvió a inundar ayer de devoción durante la celebración de la fiesta en honor al Santo Cristo del Amparo. Desde las ocho de la mañana, cuando comenzó la primera de las cuatro eucaristías que precedieron a la misa solemne, la capilla del Cristo, en el barrio de Triana, y sus alrededores eran un hervidero de gentes procedentes de todos los puntos de la comarca. En Triana, el goteo de las aldeanas ataviadas con los trajes de aldeana era incesante y se mezclaba con los adornos de una localidad engalanada para la ocasión con sus mejores galas. Poco antes de las doce del mediodía era misión imposible acceder a la ermita. En los exteriores muchos fieles intentaban encontrar el mejor sitio para seguir la celebración religiosa a través de la megafonía.
Minutos antes de las doce empezó el pasacalles por las calles de Nueva, encabezado por la banda de gaitas «Principado», formada en esta ocasión por Pablo Torrescano a la gaita y los hermanos Gregorio y Victorino Trespalacios al bombo y al tambor, respectivamente, en busca de la Banda de Música de Mieres, encargada de acompañar al Santo Cristo del Amparo durante la procesión.
La eucaristía, oficiada por el arcipreste de Covadonga, Amaro Balbín, contó en total con la presencia de doce sacerdotes. Durante el sermón se recordó que «la cruz para los cristianos no significa solo tragedia, dolor y muerte, sino también esperanza al ser el árbol de la vida».
A las 12:20 un ligero orbayu, seguido de una cortina de agua, hizo que más de uno temiese por la celebración de la procesión, la cual salió con normalidad de la ermita entorno a la una de la tarde. La lluvia, pese a las amenazas, dio tregua al Cristo de Nueva. La comitiva discurrió por las calles de la capital del valle de San Jorge, encabezada por el grupo de gaitas, situado justo delante de cuatro hermosísimos ramos portados por jóvenes devotos de la fiesta, vestidos con el traje de porruanos.
Los ramos estaban decorados con panes y rosquillas y engalanados con flores y cintas de colores. Tras ellos, unas doscientas aldeanas repicaban sus panderetas al ritmo del tambor, mientras con sus cánticos pedían la bendición del Cristo. Delante de la sagrada imagen un ejército cercano al centenar de mortajas con velas en la mano. Era el caso las vecinas de Posada Ana García y Mónica Salas. Éstas se vestían ayer de mortaja por primera vez. «Venimos al Cristo todos los años a la misa de ocho y luego desayunamos unos churros», indicaban. Ana cumplía con este gesto la promesa ofrecida al Cristo por un nieto que estuvo en el hospital. Nieves Cabrales y María Isabel Díaz también agradecían vestidas de mortaja los «favores» hechos por el Cristo del Amparo. «Llevo tres años vistiéndome de mortaja y lo seguiré haciendo para dar gracias porque todo salió bien en una operación a la que se sometió mi marido», señalaba María Isabel. Mientras tanto, Nieves aseguraba que se piden muchas cosas al Cristo, «desde por familiares enfermos hasta por los estudios de los hijos y siempre suele cumplir. Lo hacemos con mucha devoción y fe», sostenía.
La bella imagen del Cristo portada a hombros durante la procesión por ocho hombres, recorrió las calles de Nueva en una emotiva procesión custodiada por miles de personas. Las andas rebosaban de hojas de laurel y claveles.
De vuelta a la capilla la imagen del Cristo, la devoción no cesó y comenzó un incesante goteo de fieles. A escasos metros de la ermita, en el interior de una carpa instalada por la comisión para la ocasión, decenas de porruanos y aldeanas comenzaban la danza del Cristo. Después se celebró un festival folclórico en el que interpretaron bailes como el quirosanu, la jota de Leitariegos, el pericote, el xiringüelu de Naves, el saltón, la jota de Boal, la jotina asturiana y La Flor.