Infiesto, Emma F. LLANA
Con el otoño llega el momento de la recolección de la avellana, una actividad que aúna tradición y arraigo popular en Piloña desde tiempos inmemoriales. Este año no hay muchas avellanas o «ablanas», como se también llama al fruto en la zona, pero sí hay mucha calidad. Las especiales condiciones climatológicas de Piloña hacen posible un cultivo de avellanas de muy alto nivel, de codiciado valor gastronómico y de un sabor exquisito demandado por los paladares más exigentes. Hace unas décadas se oía con frecuencia que la ablana de Infiesto era la mejor del mundo. El próximo fin de semana, en Infiesto, se celebrará una nueva edición del Festival de la avellana, en la que los cosecheros mostrarán lo mejor de sus campos. Venderán unos 7.000 kilos de este fruto.
Espinaréu, La Marea, y los Montes de Sevares son las zonas avellaneras por excelencia. Los valles de los ríos Espinaréu y La Marea, reúnen unas condiciones de humedad y de sol idóneas para su cultivo y obtener un fruto de una calidad que supera al resto de la producción de avellana en España. Claro que la producción asturiana no puede medir sus fuerzas con la catalana, en cuanto a nivel de productividad se refiere. Se dio así la paradoja durante muchos años que los catalanes, con una producción masiva, adquirían avellana asturiana y la vendían tanto en el mercado nacional como en el extranjero, sobre todo en Inglaterra, donde había que asegurar un mínimo de kilos todos los años.
Joaquín Diego, conocedor y aficionado al estudio de la avellana, distingue entre el fruto asturiano, salvaje y autóctono, y el catalán, basado en el regadío, de mayor tamaño, pero mucho menos sabroso. Los cosecheros Pilar Menéndez González, José Antonio Pérez González y Sofía Honorina González, cosecheros locales, también lo saben todo sobre la avellana. José Antonio y Sofía han participado en el Festival desde sus inicios, hace treinta y siete años. Este será el primer año que no comercialicen avellanas. De los más de cien árboles que poseen sólo han recogido el fruto de dos de ellos, recopilando unos veintidós kilos. Cuando eran jóvenes recogían cuatrocientos.
Hace décadas, casi toda la producción de la zona, se vendía a una empresa comercializadora de Infiesto. La empresa se llamaba «Casa sucesor de Francisco Cardín e Hijo» y era regentada por Luis Cardín Meana. En el año 1929 compró su primera máquina de descascarillar las avellanas. Vendía a Reus unos siete vagones de grano de avellanas, que iban agrupados en sacos de cincuenta kilos.
Agustín Prieto y Hugo Morán, antiguos empleados de la empresa, explicó que durante cuatro meses que duraba la época de la avellana, se generaban puestos de trabajo ya que se empleaban a dos decenas de mujeres para seleccionar las avellanas. Todo eso acabó. Al morir Luis Cardín en 1970, quedaron al frente de la empresa cuatro de sus empleados que continuarían con la actividad sólo dos años más.