Tresviso / Sotres,
Ignacio PULIDO
Las primeras nieves del otoño cayeron ayer en los lagos de Covadonga. El frío y los temporales, que en esta ocasión han retrasado su llegada más de lo habitual, parecen haber visitado el Principado con la intención de quedarse. Hace apenas unos días, los vecinos de Tresviso y Sotres, dos núcleos sitos en el corazón de los Picos de Europa, ultimaban preparativos de cara al invierno. El pasado lunes, Día de los Difuntos, las cumbres más altas ya lucían blancas y las temperaturas en ambos pueblos habían experimentado una fuerte bajada.
A pesar de que el invierno sigue siendo muy duro en los pueblos de alta montaña, las condiciones han cambiado bastante durante las últimas décadas. «Ahora solemos quedar aislados un par de días como mucho», señala Miguel Ángel Campó, propietario de La Taberna de Tresviso, único bar del núcleo cántabro. «En el municipio contamos con una máquina quitanieves desde hace un par de años. Con anterioridad teníamos que estar pendientes de que llegasen las máquinas desde Sotres», subraya, y prosigue añadiendo que «las condiciones de la carretera que une Treviso con Cabrales son nefastas en el tramo perteneciente al Principado».
Durante las últimas semanas, los vecinos de Tresviso han realizado acopio de madera y comestibles. «Es algo que se debe de tener en cuenta. Naces con ello», subraya Campó, el cual advierte de que incluso se congela el pan puesto que el panadero llega desde Asturias. «La única salida por carretera es hacia Sotres y para ello es necesario salvar una altitud superior a los 1.000 metros», explica.
Ángel López es uno de los 18 vecinos que pasan el invierno en Tresviso. «Hay años más duros que otros. El pasado invierno se formó muchísimo hielo», comenta mientras recoge hortalizas en su huerta, sita a poca distancia de la casa consistorial, lugar convertido en punto de encuentro donde Cipriano López y Avelino Cotera suelen dialogar. «Hace unos tres años se acumularon en algunos puntos dos metros de nieve y llegaron a derrumbarse varias casas y una cuadra de nueva fábrica», enfatiza Cotera, lugareño de 83 años que advierte de que el médico visita el pueblo tan sólo una vez al mes. «Si hay alguna urgencia el helicóptero nos evacúa hasta Sierra Llana, en Torrelavega».
Alberto Ruiz, natural de Medellín (Colombia), vivirá este año por primera vez un invierno en Tresviso. «Aquí son todo personas mayores. A pesar del cambio me he acostumbrado. La ciudad es más estresante», matiza el joven de 28 años, que durante los últimos diez meses tan sólo ha salido del pueblo en tres ocasiones. «Las condiciones de la carretera a Sotres son malas y dependes por completo de un coche».
Con sus 1.056 metros de altura, Sotres es el pueblo más alto de los Picos de Europa. Desde el pasado fin de semana, las estribaciones de Cabeza Las Moñas y El Trabe ya lucían cubiertas de nieve. Aunque el pueblo no suele quedar aislado, gracias a la labor de las quitanieves, sus vecinos siguen advirtiendo de la alta peligrosidad del tramo que conduce a Poncebos. «Es muy peligroso porque hay muchos neveros. Solicitamos que se construyeran sombreros como los ejecutados en el puerto de San Isidro», afirma la vecina Dorita Simón.
Los mayores del pueblo, como es el caso de Saturna López, de 82 años, hablan de inviernos muy crudos, lejos de las mejoras de hoy en día. «En una ocasión me vi obligada a permanecer durante 18 noches en una cabaña de Pandébano, acompañada tan sólo por mis ovejas y un burro. Me levantaba y contemplaba la oscuridad. Aquello era vida y no esto», matiza López, que reconoce no haber vivido nunca un invierno como el de 2008. «No nevó hasta enero», resalta.
Invierno y tragedia son dos terminos que hace décadas solían ir de la mano. «Cuando tenía ocho años un alud se llevó por delante a cuatro mujeres en Tielve. Tres fallecieron y la cuarta logró salvarse al ser avistada por un pastor que vio algo negro moverse entre la nieve», afirma Saturna López. Por suerte, los tiempos han cambiado para Sotres y Tresviso, dos pueblos que afrontan el frío con buena cara.
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