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Unquera-Llanes, 50 años de parches

El trayecto más oriental de la N-634 en Asturias mantiene el mismo trazado que se habilitó en 1959, gracias a una inversión de 60 millones de pesetas

 
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La primera página de LA NUEVA ESPAÑA del 25 de noviembre de 1959.
La primera página de LA NUEVA ESPAÑA del 25 de noviembre de 1959. archivo
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Llanes, Ramón DÍAZ
La ayuda americana llegó al tramo Unquera-Llanes en 1959, siete años después de que pasara de largo por Villar del Río, el pueblo ficticio en el que Luis García Berlanga desarrolló la acción de «Bienvenido, Mister Marshall». El 25 de noviembre de 1959, ayer hizo 50 años, LA NUEVA ESPAÑA anunciaba en portada una inversión de 60 millones de pesetas -una auténtica fortuna en aquel tiempo- para el tramo entre Llanes y el límite con Cantabria, en la que entonces se conocía como «carretera de Santander» y que con el tiempo sería denominada N-634.

Aquel dinero, parte de él con cargo a la ayuda americana para la mejora de infraestructuras (una suerte de modesto Plan Marshall para España), sirvió para mejorar una calzada que se encontraba en un estado deplorable, dado que apenas si se había mejorado desde su construcción, a primeros de siglo. Desde entonces Unquera-Llanes sólo ha conocido parcheos, promesas, conflictos judiciales y políticos, y un proyecto para construir en la zona una Autovía de 186,4 millones (31.000 millones de pesetas) que, iniciado hace un año y medio, aún no ha pasado siquiera del desbroce y el movimiento de tierras.

El Ministerio de Obras Públicas (hoy Fomento) había convocado el 30 de octubre de 1959 a 25 contratistas para que formularan propuestas de precios y dotación de medios para acometer la mejora del tramo Unquera-Llanes. Unos meses más tarde comenzaban las obras, que atrajeron a decenas de trabajadores de otras regiones españolas. Los trabajos se prolongaron hasta mediados de la década de los sesenta, pese a que el plazo de ejecución estimado en un principio era de dos años. Los 60 millones de pesetas sirvieron para acometer una «modernización a fondo» del trazado, tal y como se destacaba en este periódico. Se eliminaron las curvas más peligrosas (aún pueden verse restos de la calzada anterior en pueblos como Puertas), se habilitaron algunas variantes y se amplió la caja hasta los siete metros (la misma anchura que entonces tenía la carretera de Oviedo a Gijón), aunque el ancho de explanación se llevó hasta los doce metros, con la idea de acometer, cuando las circunstancias lo requirieran, una fácil ampliación. Aquella partida millonaria, en todo caso, no sirvió para sacar la carretera de los pueblos, algo que, pese a la fuerte oposición vecinal, sí se haría una década después en el tramo vecino, el que une Llanes y Ribadesella. El trazado de Unquera-Llanes quedó así limitado por los pueblos que atraviesa.

En la década de los sesenta empezó a hablarse de la denominada «Ruta Esmeralda», una Autovía que uniría Portugal con Escandinavia y que avanzaría por la costa asturiana. Los ayuntamientos reservaron suelo pero el asunto quedó en agua de borrajas, hasta que, en 1989, empezó a tramitarse la Autovía del Cantábrico y se rescato el trazado. Mientras tanto, el tramo Unquera-Llanes de la N-634 se convertía en uno de los «puntos negros» del tráfico en el norte de España, con una elevada cifra de accidentes, algunos de ellos mortales, en los últimos años. El tráfico se había multiplicado por mil, pero las curvas eran -son- las mismas que hacía medio siglo.

Después de interminables procesos judiciales, manifestaciones, tres estudios de impacto ambiental, aprobaciones, revocaciones y continuos enfrentamientos políticos entre PSOE y PP, el tramo Unquera-Llanes de la Autovía, dividido en dos partes -en teoría- para acelerar su construcción comenzó a ejecutarse en junio de 1998. El trayecto entre Unquera y Pendueles debe estar listo en marzo de 2011. El de Pendueles a Llanes, tras meses más tarde. La Autovía convertirá al tramo Unquera-Llanes de la N-634 en una carretera local; esto es, en lo mismo que era hace un siglo.

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