Cazu (Ponga),
María TORAÑO
«Careto» está más guapo que nunca. Flores y tiras de papel rosas y azules le cubren la frente mientras que en la cola luce una guirnalda de espumillón. Este caballo lleva siete años con su dueño, Tino Arobes, quien desde que cumplió los 14 participa siempre en el aguinaldo de Carnaval de la parroquia pongueta de Cazu. «Llevo 18 años sin faltar a la cita y no me la pierdo por nada», aseguró Arobes, vecino de Cortes, uno de los siete pueblos que el grupo de catorce aguinalderos visitó en la jornada de ayer.
Pasadas las once de la mañana la cabalgata salió de Sellañu rumbo a las localidades de Cazu, Ambingue, Les Lladeres, Triviertu, Cortes y Priesca, donde los vecinos los esperaban para entregarles sus donativos. «Siempre se portan fenomenal con nosotros», explicó Gumersindo Martínez, encargado este año de recoger el dinero con el que el próximo sábado invitarán a una cena a los mozos y mozas de la zona, «hayan participado o no en el aguinaldo de hoy», precisa el joven, vecino de Priesca y que lleva catorce años sin faltar a la fiesta.
«Esto es un vicio, casi como el fumar», aseguró otro de los jinetes, David Arobes, de Triviertu. «Cada año somos menos, me acuerdo de veces de juntarnos más de veinte mozos», lamentó. En este punto coincidió Tino Arobes, para quien uno de los problemas es que «no se lo inculcan a los críos pequeños y por ejemplo este año no entró ningún aguinaldero nuevo».
El soniquete de los cascabeles y de los cascos de los caballos al galope se mezcló con las notas de la gaita de Óscar Fernández, encargado de recompensar con sus melodías a los vecinos generosos que se acercaron a entregar sus aportaciones. Las voces de «¡Vivan los aguinalderos!» y «¡Viva el gaiteru!» acompañaron a los jóvenes durante su recorrido, que los llevó a comer al punto de partida, en Sellañu, donde les esperaban con rosquillas, frixuelos y otros alimentos para recuperar fuerzas junto a todos los que los animaron en el camino.