Corao (Cangas de Onís),
Alba SÁNCHEZ R.
Algunos lo llaman «parque», otros «jardín» y otros «bosque». Cada cual lo ve a su manera, pero todos los vecinos de Corao están de acuerdo en que «su» Castañéu es un símbolo del pueblo, e incluso de toda la comarca, desde que, en 1983, fue la sede de la primera «Nueche celta» que se celebró en el Oriente. Muchos vecinos aseguran que el Castañéu es a Corao lo que el puente «romano» a Cangas de Onís. El Castañéu es el símbolo más emblemático de Corao, y no sólo porque funciona desde tiempos inmemoriales como recinto ferial, sino porque para muchos vecinos es, desde hace siglos, el verdadero centro neurálgico del pueblo.
Todos los vecinos lo tienen muy claro: al Castañéu hay que cuidarlo. Y debe actuarse para que los castaños centenarios que aún siguen en pie permanezcan erguidos mucho tiempo más. Algunos de estos vetustos ejemplares, enfermos por el abandono sufrido durante décadas, reclaman una intervención urgente. Aunque hay repoblaciones «puntuales» con castaños, los vecinos quieren más: nuevos árboles y sanear los existentes.
Los mayores del lugar recuerdan como el Castañéu era «el centro de todo». Allí, desde hace siglos, han jugado los niños, han cortejado los jóvenes y han paseado los adultos. Algunos rememoran cómo se vallaba todo el perímetro del Castañéu con «tela de gallinero» y los mozos pagaban unas 10 pesetas de entonces, mientras que a las mozas se las invitaba para disfrutar de romerías y verbenas. Muchas parejas salieron de aquellas reuniones. Eran otros tiempos, que ya es muy probable que no volverán, comentaba apenado el jubilado Francisco Caldevilla, que además de acudir a las ferias a vender su ganado no se perdía ninguna fiesta en el Castañéu. «Había que andarlas todas», apostilló el vecino.
Pero sin duda lo que los vecinos quieren trasmitir a las nuevas generaciones del pueblo y a los responsables políticos es que a cada árbol del Castañéu lo quieren «como a un vecino más». Y quieren el recinto tal y como está, sin un solo metro de asfalto u hormigón. Reconocen, eso sí, que el Castañéu y las ferias son «un matrimonio bien avenido», una unión que debe continuar. Los vecinos impidieron hace unas semanas, con una manifestación espontánea y con la fuerza de sus argumentos, el asfaltado de una pequeña parte del Castañéu. El Ayuntamiento de Cangas, impulsor de la obra, hizo finalmente caso a los vecinos y se olvidó de sus planes para «mejorar» el Castañéu.
Laura Coviella, gerente de una casa rural, de 31 años, lucha con uñas y dientes por conservar toda la dimensión del Castañéu. Aseguró que es «el corazón o el pulmón del pueblo», dónde «acudes para evadirte y disfrutar», e incluso cree que es «un órgano vital para el pueblo», y que «cada vez que muere un castaño se siente como si se hubiera ido un vecino».
Juan Coviella, jubilado de 59 años, señaló al Castañéu como un símbolo tan importante como lo es el puente «romano» de Cangas de Onís. Pidió que sea repoblado, aun con otras especies autóctonas, como el roble, para conservarlo. Recordó como antes venía mucha gente en los veranos a pasar el día con sus familias, a la sombra de los frondoso árboles centenarios, y también cómo la gran losa de piedra que hoy en día marca, más o menos, el centro del Castañéu se usaba como mesa de merendero.
También Rebeca del Dago, gerente de la peluquería del pueblo, de 31 años, resaltó que es el símbolo del pueblo, donde disfrutó de niña jugando a lo que se terciara. Ahora, aunque va con menos asiduidad, se acerca alguna tarde a merendar o a comer con los amigos, y a disfrutar de la fiesta patronal, el 15 de agosto. Un pero: antes se retiraban las vallas ganaderas, que se usan en las ferias para amarrar el ganado, como lo que el Castañéu quedaba más despejado para disfrute de vecinos y visitantes.
María Lucas, regente del bar tienda de la localidad, indicó que hay que invertir «lo necesario» para que se conserve el Castañéu. «Y si hace falta encadenarse, nos encadenamos», apostilló.
El presidente de la asociación cultural «Abamia», Luis Vega, aseguró que los vecinos defienden el Castañéu y las ferias de ganado. Abogó porque no se pierda el carácter natural del espacio. «Todo el pueblo presume de su Castañéu. No cabe duda», añadió, «de que los vehículos de las ferias perjudican muy seriamente el recinto y deberían ser sacados a las fincas colindantes para no perjudicar la salud de los castaños».
El ganadero José Manuel Huerta, de 50 años, recordó que desde quedó huérfano con 14 años acude a las ferias de ganado al Castañéu. «si a Corao le quitan las ferias sería la ruina», comentó.
Otros vecinos, que prefirieron mantenerse en el anonimato, aseguraron que defenderán al Castañéu allá donde se tercie.
«El Castañéu debe repoblarse, aunque sea con otras especies autóctonas»
<Juan Coviella
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Jubilado
«Deberían retirarse las vallas ganaderas, para que el Castañéu quede despejado»
<Rebeca del Dago
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Peluquera
«Cada vez que muere un castaño se siente como si se hubiera ido un vecino»
<Laura Coviella
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Gerente