Pimiango (Ribadedeva),
Bárbara MORÁN
Fervor, pasión, tradición y mucha diversión. Pocos se resistieron, ayer, a pesar del frío y del mal tiempo, a vivir un año más las sensaciones que rodean a la fiesta de Santu Medé o San Emeterio, que se celebra en el pueblo ribadedense de Pimiango.
Cientos de personas se congregaron en la plaza de la localidad para iniciar los actos festivos, declarados de interés municipal. Al prau de la ermita de San Emeterio, situado a escasos metros de la cueva de El Pindal, regresó un año más la fiesta, con mucho folclore del que disfrutaron personas muy variopintas. Las había de toda Asturias, de otras comunidades cercanas, como la limítrofe Cantabria, y hasta expedicionarios de Madrid, ya que muchos madrileños veranean por la zona.
Familias enteras, jóvenes, mayores y gentes muy variopintas volvieron a rendir tributo a Santu Medé, patrón de los zapateros o «tamargos» que en Pimiango ejercían el oficio de manera ambulante e idearon una jerga, el mansolea. Este santo tiene fama entre los creyentes de sanador de huesos rotos, sobre todo de piernas y pies. Una creencia que desplaza cada año al lugar a muchas personas que padecen problemas en estas extremidades. Como Manuela Gutiérrez y su marido, Juan Penan, vecinos de un pueblo de León que ayer pidieron una vez más remedio para sus males al Santu Medé.
Una de las riquezas de esta fiesta es el bello paraje en el que se celebra. La procesión del santo discurre por la carretera que bordea el acantilado, ofreciendo espectaculares vistas al mar. «Nos encanta, esta fiesta tiene algo mágico», confesaba una asistente mientras disfrutaba del ambiente festivo.
Tras la procesión, el párroco de Ribadedeva celebró una multitudinaria misa de campaña en la ermita, a la que siguieron actuaciones de los grupos folclóricos «Filandón», de Oviedo; «El Carbayu», de Lugones, y la agrupación «Valle de Camargo», de Cantabria.
A las cinco de la tarde se remató el ramo con la subida del santo hasta la iglesia parroquial de Pimiango.