Cangas de Onís, Ramón DÍAZ
Conseguir que el parque nacional de los Picos de Europa sea, a la vez, uno y trino está resultando una tarea muy complicada. No es fácil compaginar un único modelo ambiental y de gestión con el afán de tres comunidades autónomas por ejercer el poder en sus respectivos territorios. Tan compleja es la negociación que la transferencia de las competencias del Parque, en manos del Estado desde su constitución en 2005, a las comunidades autónomas acumula ya cinco años de retraso.
Los cuatro gobiernos implicados en la negociación -central, cántabro asturiano y castellano-leonés- han mudado su inicial optimismo, aquel que les llevó a anunciar a bombo y platillo que el Parque sería traspasado el 1 de enero de 2005. Ya no se oyen fechas concretas, y muy poco queda ya de la «entente cordiale» entre las tres regiones, que se denominó «Espíritu de Pesués», en referencia al pueblo de Cantabria en el que comenzaron las negociaciones sobre el traspaso del parque nacional. Si en 2004 había buenas palabras, promesas y abrazos ahora sólo se oyen reproches, enfrentamientos y críticas aceradas.
El Gobierno central, amo y señor hasta ahora de los Picos de Europa, ya ha dicho su última palabra: las transferencias sólo se cerrarán cuando haya acuerdo entre las tres comunidades autónomas sobre el futuro modelo de gestión. En eso andan las tres regiones de los Picos. Durante varios años, se habló de problemas de dinero y de personal. Hubo de uno y de otro, es verdad, pero había más marejada detrás.
El Estado ya ha dejado bien claro que si el parque nacional ha funcionado hasta ahora con un dinero y una plantilla determinados, puede seguir funcionando igual en el futuro. Y ha instado a las tres regiones de los Picos a que resuelvan el reparto. El principal escollo para cerrar un acuerdo entre las tres comunidades de los Picos es el personal. Actualmente el Parque cuenta con 46 trabajadores en Asturias, 20 en Castilla y León -pese a que ambas comunidades aportan prácticamente la misma superficie al espacio protegido-, y 3 en Cantabria. Al reparto proporcional que reclaman Castilla y León y Cantabria replica Asturias señalando que no se puede obligar a los trabajadores a cambiar su sede laboral, y que la solución «ideal» sería que el futuro consorcio que gestionará el Parque controle y reparta las dotaciones.
El Gobierno del Principado ha reconocido abiertamente que hay sobre la mesa dos modelos diferentes para los Picos. El modelo asturiano es el de «gestión unitaria» a través de un «consorcio fuerte», que permitiría, a la vez, que cada comunidad autónoma recibiera «lo que le corresponde en el traspaso», y que «el conjunto de dichos medios se pongan al servicio del consorcio, que se encargaría de la deseable unidad de gestión y de la irrenunciable unidad ambiental», según indicó hace unos días la viceconsejera asturiana de Medio Ambiente, Belén Fernández.
Castilla y León y Cantabria defienden un modelo distinto, que comportaría repartir medios y funciones entre el futuro consorcio y las consejerías de Medio Ambiente de cada región. Los gobiernos autonómicos gozarían con este segundo modelo de mayor autonomía a la hora de planificar, gestionar, proyectar y gastar. El Principado cree que esta propuesta podría quebrar la unidad del parque nacional. Asturias se ha quedado así sola en la defensa de un parque unitario, porque Cantabria y Castilla y León prefieren un espacio natural trino.
El día 16 habrá reunión de directores generales. Asturias responderá a la propuesta lanzada el 25 de febrero por las otras dos regiones. Salvo sorpresa, habrá contraoferta y seguirá la discusión.