Calabrez, Bárbara MORÁN
La rutina de muchos vecinos de Ribadesella se ha visto truncada estos días con la riada más grande que los lugareños recuerdan en los últimos años. Éste es el caso de José Luis Fernández Corteguera y Giorgina Estrada Pandiello, matrimonio vecino del barrio de El Cerezéu, en el pueblo riosellano de Calabrez.
En la mañana del miércoles, José Luis y Giorgina salieron a primera hora de su vivienda con rumbo a Gijón, ya que la mujer tenía cita médica para someterse a una operación de varices. A las nueve de la noche del mismo día, cuando José Luis regresaba a su casa, se encontró con una imagen dantesca y que aún no termina de creerse: la carretera que daba acceso a su vivienda estaba completamente derrumbada como consecuencia de la carga de agua de una riega que atraviesa la finca que discurre paralela a la calzada. Todo el terreno se desprendió y se llevó por delante veinte metros de la carretera.
Desde entonces, este matrimonio no puede acceder en coche a su casa. El jueves, a Giorgina le dieron el alta y su marido, con la ayuda de un vecino, tuvo que subirla en brazos hasta la vivienda, ya que debido a su operación no puede caminar. «Todo se junta. Basta que mi mujer no pueda caminar para que la carretera se venga abajo», se lamentó José Luis.
El concejal de Infraestructuras de Ribadesella, Juan González Martino, se mostró muy preocupado por esta familia, cuya casa ha quedado aislada del mundo, ya que sólo se puede acceder a ella a través de prado. El concejal ha ofrecido el pago de un hotel al matrimonio hasta que se abra una vía provisional de acceso a su vivienda. «Estamos valorando la situación para habilitarles un paso rodado provisional. La pala comenzará a trabajar el lunes. Trataremos la obra con urgencia, ya que esta familia no puede estar así», destacó Martino.
A pesar de la situación, el matrimonio se toma las cosas con humor y resignación. «El tiempo es caprichoso, hay que resignarse y esperar», destacó el marido. Giorgina debe recibir curas diarias, que ella misma ha tenido que aplicarse, y en una semana debe ir al hospital para que le retiren los puntos. Mientras, José Luis intenta adaptarse a su nueva forma de llegar a casa. Aparca su coche justo donde un enorme socavón le obliga a parar, se calza las katiuskas y emprende un ascenso considerable por su finca hasta llegar a casa. No queda otra.