Ribadesella, Bárbara MORÁN
Muchos lugares suspiran por una playa. En cambio, hay otros, como Ribadesella, que miran al mar y poseen rincones increíbles, pero algunos, como sucede con el pedral de Arra, acaban siendo olvidados, abandonados e infravalorados. Cuatro años lleva esta inigualable cala, situada entre los pueblos de Collera y Meluerda, sin recibir a bañistas para disfrutar de una jornada playera. Hace unos años, familias enteras se acercaban a Arra para disfrutar de baños de sol y de mar. Ahora son muy pocos los que se atreven. No es fácil llegar: el acceso quedó afectado por un argayo y la bajada hasta el pedrero es muy pendiente e inestable.
Hace cuatro años atrás, el pedral de Arra tenía un acceso a través de escaleras que quedó destruido a causa de un desprendimiento. El desastre, en forma de temporal, obligó a cerrar la cala al público. Técnicos de la Demarcación de Costas visitaron la zona en aquellos días y prometieron buscar una solución. Es verdad que no es sencilla, ya que la montaña que rodea a la playa es de tierra e inestable, pero cuatro años después Arra no tiene siquiera un anteproyecto que aventure su reapertura. Todas las promesas cayeron en el olvido.
El concejal de Medio Ambiente de Ribadesella, Francisco Vázquez, lamentaba ayer esta situación. «Actualmente, y así llevamos cuatro años, no sabemos nada, ni de esta obra que Costas tiene pendiente con el concejo, ni del resto de actuaciones que también estaban prometidas». Vázquez confesó haber perdido su confianza en la Administración central, ya que «a Ribadesella la está ignorando al no avanzar en nada en los proyectos pendientes como rescatar el acceso al pedral de Arra». El acceso seguro a Arra lleva cuatro veranos siendo una utopía para los vecinos de Collera, Camangu y Meluerda, que solían acercarse a esta cala, ya que les queda muy cerca. Algunos pescadores desafían la pendiente para llegar hasta la cala y practicar su deporte favorito, ya que Arra es un caladero muy rico. Geólogos de gran prestigio también se han jugado el tipo para llegar hasta Arra, ya que en esta cala se aprecia la falla de Ribadesella, una fractura de casi diez kilómetros de longitud que surgió hace 33 millones de años y que atraviesa todo el concejo. Ahí comenzó la historia del peculiar paisaje montañoso asturiano actual y de la cordillera Cantábrica. Un dato que no pasa desapercibido para ningún experto en la materia.
Un grupo de geólogos de la Universidad de Oviedo descendió hace un año a la cala de Arra junto a colegas de otros puntos de España y reivindicaron la importancia geológica y a nivel mundial de este rincón del concejo riosellano.
Historia, relevancia, paisaje y belleza le sobran a esta cala para justificar su reapertura, aunque desde el inicio Costas ya dejó caer que las características del terreno dificultaban la reparación y disparaban el coste considerablemente. Sin noticias de los planes de Costas para reconstruir o no el acceso a este pedral, la realidad al final de otro verano vuelve a ser la misma: Arra sigue cerrada, olvidada y a la espera de un acceso.