La capilla olvidada de Noriega

El Ayuntamiento de Ribadedeva presenta a Patrimonio Cultural un proyecto por valor
de 36.000 euros para la rehabilitación de la ermita, vinculada al palacio de La Teja

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La capilla olvidada de Noriega
La capilla olvidada de Noriega  
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Noriega,

Emilio G. CEA

La capilla de Nuestra Señora de la Leche persiste a la sombra del palacio de La Teja, en la localidad de Noriega, en Ribadedeva, donde también se encuentra otra importante edificación histórica, la Torre Medieval. Esta pequeña ermita ha pertenecido durante siglos y hasta hace muy poco al citado palacio, una antigua casona de indianos recientemente rehabilitada y acondicionada para acoger apartamentos.

Esta capilla ha estado a punto de ser sepultada por el paso del tiempo. La intención del Ayuntamiento de Ribadedeva de rehabilitar el inmueble, para lo cual ha presentado un proyecto por valor de 36.000 euros al director general de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias, Joaquín López Álvarez, ha vuelto a sacarla de una inmerecida postergación. La capilla de Nuestra Señora de la Leche es actualmente propiedad del consistorio que preside Jesús Bordás (PSOE), al que fue cedida por los actuales propietarios del palacio de La Teja.

Según un análisis efectuado por Antonio Cea Gutiérrez, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la capilla, de planta rectangular, se encuentra estructurada en dos tramos. El principal, más alto, forma la capilla mayor con bóveda sobre pechinas, con una sola ventana avenerada del lado del Evangelio, de época renacentista. El segundo tramo, más bajo, forma la nave, a la que se accede por un arco de medio punto y atrio, enrollado. Por la entrada adintelada presenta espadaña con su campana. Los dos espacios, interior y exterior, o nave y atrio o «cabidriu», van divididos y separados por una «rejostia» de madera con el sistema de reja-puerta, que hacía visibles a fieles y peregrinos las imágenes santas desde el exterior. Ese cierre es de época moderna, siguiendo los patrones tradicionales de una «rejostia» anterior.

El interior de la capilla se conserva encalado y el exterior, de mamposta, con obra de sillares en zócalo, esquinas, cornisa, ventana y arco de entrada. La capilla ofrece en su interior un interesantísimo retablo de época barroca, de la escuela salmantina, cuya datación se acerca al último tercio del siglo XVII o primeros años del XVIII. Consta de banco o predela, un cuerpo principal de tres calles divididas por cuatro columnas salomónicas decoradas con racimos y pámpanos (faltan algunos) y tres hornacinas (ahora vacías); ático con marco (probablemente para un Calvario pintado) y sobreático o copete con una cabeza de serafín con las ocho alas, distintivas de ese arcángel, extendidas aquí a manera de sol, y, como remate, una venera o concha. El resto del retablo presenta ornamentación y molduras de nubecillas, hojas de acanto, cabezas de angelotes y dos angelotes de bulto como peana del marco del ático.

Probablemente, en época posterior a su factura se llevó a cabo la interesante decoración pintada, de colores blancos, azules, encarnados, plateados y dorados (estos últimos simulando pan de oro) y color de pasa, decoración que confiere a esta pieza un carácter popular muy atractivo.

La hornacina principal estaba ocupada por la imagen titular de la capilla, la advocación de Nuestra Señora de la Leche, y las hornacinas laterales acogían dos tallas, una desconocida y otra, de San Nicolás. La advocación de Nuestra Señora de la Leche es una devoción que surge en época gótica y se generaliza en el período renacentista. Es posible que marcara un hito más dentro del itinerario espiritual por el camino del Norte a Compostela y al Salvador de Oviedo, en cuya catedral se venera hoy una espléndida talla de Nuestra Señora de la Leche, de piedra policromada, obra del siglo XVI, en el parteluz que da acceso a la capilla del Rey Casto.

Estas diversas «sucursales sagradas» ofrecen ejemplos como el de la famosa talla gótica de Nuestra Señora de la Leche que preside el retablo principal en la iglesia, no lejana, de Santa María de Lebeña. Esta advocación de La Leche fue venerada también en iglesia parroquial de Santa María de Conceyu de Llanes, según consta en el inventario del año 1704 (Libro de Fábrica de 1703, fol. 20 vuelto, arch. parroq. de Llanes), donde se cita una «Ymagen de Nuestra Señora con su Santísimo hijo en los vraços dando el pecho, de vulto», y se sabe que en el año 1741 estaba ya relegada en la sacristía de esa iglesia (Fábrica del Santísimo de 1740,fol.32).

La ermita de La Leche de Noriega contaba con una entrada directa desde el palacio que todavía se conserva. Las más veteranas del pueblo no guardan memoria de ningún tipo de culto ni celebración en su interior. Solo María Fernández rememora las historias que su madre relataba sobre los rezos previos a los partos ante la imagen de la Virgen de la Leche. Unos rezos que, según explica, se realizaban de forma voluntaria por las embarazadas días antes de dar a luz, sin ser dirigidos por ningún cura o sacerdote ni acompañados de eucaristía ni celebración religiosa alguna.

Otras vecinas dicen haber entrado para compartir allí juegos infantiles. De su interior evocan las singulares decoraciones de racimos del retablo y recuerdan que entraban a por manzanas, pues, según dicen, el sagrado lugar fue utilizado hasta no hace mucho tiempo como almacén.

La historia de los santos situados en el retablo de la capilla se pierde con el paso del tiempo y no constan fecha ni hecho histórico que coloquen en un época concreta a la imagen de la Virgen de la Leche ni a los dos santos que la acompañaban a ambos lados de la hornacina principal. Las lugareñas tan solo hablan de la antigua imagen de la Virgen de la Leche en la hornacina central, desaparecida en 1983, junto a uno de los santos de las hornacinas laterales. La imagen de la Virgen de la Leche tenía un tamaño aproximado de unos 40 centímetros. De los dos santos que la acompañaban hoy tan solo se puede identificar a uno de ellos; se trata de una imagen de San Nicolás, de unos 80 centímetros de alto, que en la actualidad custodia Lili Noriega, una de las hijas de los antiguos propietarios.

La localidad de Noriega tan solo tiene constancia del vínculo del palacio de La Teja con los hermanos Ramón y Alfredo Noriega López. Nacidos en Para, en Peñamellera Baja, adquirieron el edificio en el año 1927, en una de sus visitas a España. Según refiere Lili Noriega, hija de Ramón y sobrina de Alfredo, en México tenían diversos ranchos. La relación de su primer apellido con el nombre del pueblo de Ribadedeva quizás fuera la razón que empujó a estos hermanos a adquirir el edificio con parte del dinero que hicieron durante su estancia como indianos en México.

Ramón Noriega se casó en México con la joven Concepción Oliveras, de 16 años, hija de emigrantes catalanes, con quien tuvo cinco hijos (cuatro mujeres y un hombre). Ramón Noriega sufrió un atraco en México que le dejó importantes secuelas que, finalmente, acabaron con su vida. Su esposa se casó en segundas nupcias con su cuñado, Alfredo Noriega, de cuyo matrimonio nacieron dos hijas más.

Alfredo Noriega tras regresar de México, no quiso separarse nunca del palacio de La Teja, donde murió en 1983, con la pena, según explica una de sus hijas, de no haber podido arreglar la capilla. Tras fallecer Concepción Oliveras a finales del siglo XX, a la edad de 93 años, los hermanos nacidos de ambos matrimonios decidieron vender el palacio a un empresario madrileño llamado Jorge Juste, popular en el papel cuché de la época por una efímera relación con la polifacética Ana Obregón.

Jorge Juste fue muy bien acogido por los lugareños, quizá deslumbrados por la llegada a Noriega de un personaje muy popular en la prensa del corazón de aquellos años. El empresario madrileño poco hizo en el inmueble, aunque algunos vecinos indican que sacó muebles del interior del palacio.

Juste traspasó la propiedad del inmueble a una empresa que rehabilitó el palacio hace pocos años para habilitar apartamentos en su interior. La intención actual del consistorio que gobierna Jesús Bordás es restaurar la capilla, aunque sin precisar su uso futuro. Algunos vecinos plantean la posibilidad de que en su interior puedan celebrarse bodas y bautizos.

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